domingo, 27 de marzo de 2011

New Age

No hace alusión a una bebida alcohólica, aunque un buen New Age no vendría mal, creeme que no. Lo bueno de tener un blog que nadie lee es que uno puede reinventarse. La vida cambia con demasiada frecuencia (es mi caso al menos, entiendo que a la gente normal le gusta estancarse) y a veces es difícil seguirle el ritmo. Por lo pronto en este momento doy un nuevo paso, un nuevo giro en el registro digital de mi vida. No hemos sido presentados, y sin embargo acá estamos.

Welcome 2 my mind.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Sobre la sexta temporada de Lost

(Publicado originalmente en el foro La Sexta del Grupo de Rehabilitación para superar la abstinencia de LOST)



Mi teoría con respecto a Madre, reforzadas por las evidencias que da Irene sobre la imposibilidad de que ella se haga humo, es que ella simplemente era Cuidadora.
O sea, qué sabemos sobre los verdaderos poderes de los Cuidadores? Porque seguimos a Jack durante un par de horas que fue cuidador y tal vez no pareció que como cuidador tenga poderes especiales, pero yo creo que sí.
A ver, las cosas que hemos visto hacer a los cuidadores. Empecemos por Jacob, el primero que conocimos.
Sabemos que Jacob puede entrar y salir de la isla a voluntad. Es más, lo hemos visto aparecer en momentos específicos de la vida de las personas que en el futuro se iban a disputar su herencia. Porque Jacob estuvo en el primer robo de Kate, en el funeral de los padres de Sawyer, en la caida de Locke, en la boda de los Kwon y en la famosa primer cirugía de Jack, la del "1, 2, 3, 4, 5". Por otro lado, Una Ilana que hablaba en ruso no se sorprendió a ver a Jacob por allá, ¡hablando en ruso! Así que acá ya tenemos unas cuantas cosas:
1) Puede moverse con libertad a través del mundo. Quizás hasta teletransportarse.
2) Puede anticipar el futuro y conocer el pasado. Aunque hay que ver si siempre lo hizo. La llegada de Richard pareció tomarlo por sorpresa.
3) A Richard precisamente lo fajó con una facilidad digna de Tyson. Es posible que tenga que ver que Richard llevaba días sin comer, pero lo cierto es que lo hizo.
4) Tiene una ventana con forma de Faro que puede mirar a cualquier parte del mundo que el quiera mirar.
Entonces pienso en Jack, y en todas las cosas que hizo después de que Flocke le clavara una daga en el costado. O sea, es una herida bastante jodida. Tuvo que comprometer no menos de dos órganos. Sin embargo le alcanza la vida para patear a Flocke, volver hasta la fuente, pasarle la posta a Hugo, bajar por la cascada, poner el corcho en su lugar, bancarse la tormenta de electromagnetismo (que lo volteó y lo debería haber dejado en el suelo), levantarse, ir hasta el bosque de bambúes, caer en el mismo lugar donde se levantó tres años antes, ver pasar al Ajira 316 y cerrar un ojo. Digo, a mí me parece fuerza y/o resistencia sobrehumana todo eso.
Entonces yo me pregunto, por qué asumimos que madre no es capaz de causar semejante matanza por ella misma? Si no la pueden matar y ella tiene fuerza sobrehumana, tranquilamente pudo haberlos hecho mierda a todos.
Hasta donde entendemos, Jacob se dejó matar. Estaba cansado, así que buscó un sucesor y cuando llegó el momento se entregó, y sólo así pudieron matarlo. Porque Jacob también rompió las reglas.
Madre puso una regla clara: Ustedes no pueden dañarse uno al otro. No dijo nada de dañarla a ella. Pero cuando MIB mata a Madre (quién ya le había entregado el poder y no tenía nada que perder entonces, así que pudo simplemente haberse entregado a su hijo preferido, o al menos no haberse defendido) Jacob se sale de sí y mata a su hermano. Entonces al recibir el cuerpo del crimen como ofrenda, el mal que anida en el corazón de la isla (un lugar hiper luminoso porque solo así podría contener semejante oscuridad) escapó hacia el exterior y al no tener forma, tomó la forma del cuerpo que le ha sido ofrendado. Porque si nos fijamos, Smokey no toma cualquier cuerpo, sólo gente que ha sufrido una muerte trágica. Christian, borracho. MIB, Yemi, Alex, Locke, asesinados. Entonces claro, lo que Smokey quiere hacer es salir de la isla. Y capaz que nada más que eso. Porque en la isla es el todopoderoso Humo Negro, pero ya vimos que la muerte del cuidador recorta sus poderes, y sacar el corcho directamente lo vuelve mortal. Entonces capaz que hasta el pobre pibe solamente quería tomárselas y el turro del hermano, todavía con bronca acumulada en siglos por el asesinato de la madre, se había emperrado en no dejarlo salir.
Así que mis conclusiones son estas:
1º- El Cuidador tiene poderes sobrehumanos, tal vez no demasiado llamativos pero sí efectivos.
2º- El humo negro es anterior a los cuidadores y seguramente a la isla. Es liberado por el crimen de Jacob y toma los recuerdos y la personalidad del cuerpo muerto de su hermano, y luego de cada cadaver muerto en forma trágica que llegue a la isla.
Creo que tengo más, pero ya se hizo muy largo.

viernes, 12 de noviembre de 2010

It was twenty years ago (Paul en River)

Por aquellas épocas éramos tres: Julián, el Cuervo (QEPD) y yo. Al principio nos juntábamos en casa del Cuervo a aprender a tocar la guitarra. Julián había empezado con una profesora que a las cuatro clases aún no le había enseñado a afinar. Le expliqué en cinco minutos cómo se hacía (lo único que jamás le pude enseñar sobre el uso de las seis cuerdas) y a partir de ahí nunca más paró. Julián era John, el Cuervo era Paul y yo era George. El cuervo murió dos veces, Julián se convirtió con el tiempo en uno de mis dos mejores amigos. De hecho aún lo es. Pero no fue una amistad continuada. Fuimos y vinimos por distintos caminos durante mucho tiempo. Para diciembre de 1993 hacía algunos meses que no sabía nada de él. Y lo confieso: Yo era fan de John. Hoy veo que admiraba su actitud ante el mundo más que nada, y de hecho me debe haber marcado bastante en mi vida. Paul me gustaba, por supuesto, pero pensaba que como solista se había echado a perder. Claro, son cosas que pensaba cuando aún era un pendejo irreflexivo. Había decidido por todo esto no ir a ver a Paul a River. Pendejo irreflexivo, ya lo dije. El sábado 11 de diciembre leí en Clarín la crítica sobre el show del viernes 10. Y ahí me di cuenta de que era un boludo y que no podía perderme eso. En ese mismo momento me fui al Musimundo (no recuerdo a cual, pero podría haber sido en Alto Palermo) y de ahí sin escalas a River. En esa época se podían conseguir entradas por los canales oficiales el mismo día del show, eran otros tiempos. Caminé por Lidoro Quinteros hasta el Monumental y me puse a hacer la cola, solito como un boludo por no haber previsto las cosas.
Entonces, con más de media cola hecha, lo veo acercarse a Julián con dos pibes más. “Eh, estoy acá, pensé que ya no venían” le grité. Por supuesto que en ningún momento arreglamos nada, pero entre miles de personas que fueron al concierto justo me lo fui a encontrar a él. No pudo haber sido casualidad.
El concierto de 1993 fue impresionante, pero hoy no viene al caso. Lo importante del caso es que por esas vueltas de la vida a Julián dejé de verlo por más de diez años. Simplemente no supe más de él. Hace un año fue él quien me ubicó a través de Facebook. Nos dimos un buen abrazo en esa oportunidad. No fue mucho después cuando me dijo:
-Che, parece que el año que viene vuelve Paul.
-Vamos a tener que estar ahí entonces.i

Reconozco que no lo tomé del todo en serio. Pero este año el mismo día Julián y Lala me dijeron “Viene Paul el 14 de noviembre”. Debo reconocer todo lo que hizo Lala para que Julián y yo pudiéramos estar ahí, pero eso merecería otra nota completa. La cuestión es que Paul no tocó un hipotético 14 de noviembre que aún no llegó. Tocó ayer. Y una vez más estuvimos allí.
Como debía ser.

Julián y yo nos encontramos en Plaza de Mayo a las cinco de la tarde. De ahí tomamos un subte D que por supuesto estaba lleno. A la altura de Juramento en el subte apareció un mago. Sí, surrealista el asunto. Nos bajamos en Congreso de Tucumán y buscamos Monroe para salir a Libertador. En el camino encontramos un bolichito minúsculo atendido por un hincha de Boca donde nos clavamos un hermoso sánguche de milanga y cuatro birras, no fuera que nos banquemos todo el recital con la panza vacía. El dueño del boliche nos habló de todo, fútbol, música y seguridad. Después seguimos rumbo al estadio. Entramos rápido y sin problemas (la organización impecable) y al entrar al campo vi por primera vez el campo de River sembrado de sillas.
Acá quiero hacer un alto. Mi entrada decía “VIP trasero” y realmente me sentí importante. Tenía mi lugar asegurado en una buena ubicación, me movía libremente de mitad de cancha hacia el arco, y lo más importante: ¡baños químicos! ¡Después de cuatro litros de cerveza poder entrar a un baño químico sin hacer cola era estar en la gloria!
Apenas entramos salió al escenario Andrés Ciro. Hizo un muy lindo show acústico, y demostró grandeza y humildad al decir que después de telonear a Paul y a los Stones no tenía más que pedirle a la vida. Se ganó su lugar el pibe.

Y entonces en las dos pantallas de los costados del escenario comenzó a pasar un video para hacernos entrar en clima.
Paul no fue tan puntual como el miércoles. Parece que un flaco le construyó un bajo y se lo estaba dando. Pero finalmente salió.

Y ahí empezó la fiesta.

Se suponía que iba a empezar con Venus and Mars. Un buen tema. Pero no. La bienvenida fue con Mágical Mistery Tour. Y ahí estábamos todos en River, parados arriba de nuestras sillas, dispuestos a disfrutar de esa misteriosa y mágica gira a la que nos invitaba Sir Paul.
Quien por cierto, es un señor de 68 años. Quiero dejar esto claro porque conozco pibes de 20 con mucho peor estado físico del que demostró anoche este anciano. Durante tres horas Paul cantó, bailó, rockeó, habló y manejó el escenario como si hubiera nacido en uno. No me pidan lista de temas, si querían saber qué y en qué orden tocó hubiesen ido. Pero al contemplar la enorme variedad y cantidad de temas y estilos que tocó queda claro que ese hombre de camisa blanca y tiradores arriba del escenario es responsable de buena parte de la música de los últimos 50 años. Hubo de todo: rock (todo el tiempo), blues (el medley Let Me Roll It/Foxy Lady fue un verdadero lujo), pop (Say, Say, Say que supo tocar con Michael Jackson), Beatles, mucho Beatles. Hubo un Blackbird en que un tipo solo con su guitarra
sentado en un escenario a oscuras nos explicó qué era la belleza. Hubo una versión maravillosa de Something dedicada a su amigo George (repito: George era yo). El tan anunciado medley A Day in the Life/Give Peace a Chance que arrancó lágrimas y gritos entre los presentes. Hubo un tema como O-Bla-Di O-Bla-Da que hay quien detesta pero que no se llevó el premio al tema más pegadizo simplemente porque Paul tocó Hey Jude. Hubo la polenta rocker de Live and Let Die, que demuestra una vez más que Axl Rose es un pichi. Hubo Here Today, la canción que a McCartney le gustaría haberle hecho escuchar a Lennon en vida. Hubo momentos para llorar a moco tendido (casi todos, pero Yesterday, Let it Be y The Long and Winding Road eran especiales). Hubo momentos increíblemente románticos como cuando le dedicó My Love a Linda y a todo los enamorados. Hubo la permanente sensación de que no existe otro artista capaz de tocar tres horas un repertorio donde 35 temas de 40 son clásicos universales compuestos por él mismo y encima darse el lujo de dejar muchos más afuera.

Lo de la banda es aparte. El show particular del batero (Abe Laboriel, Jr.) fue un condimento inesperado. Los dos guitarristas(Rusty Anderson y Brian Ray) demostraron tener el talento y los huevos necesarios para ocupar el lugar que tenían que ocupar (vamos, que hay que tocar el solo de Something con Paul McCartney en el bajo). Y el tecladista multifunción Paul "Wix" Wickensen aportó la cuota necesaria de sonido y oficio para completar. Una banda compacta y masculina. No había coristas, no había bailarines, no había escenografía. Cuando hay talento no hace falta cotillón.

Paul habló mucho, y habló mucho en castellano. Se preocupó incluso por aprender modismos, así que nos trató de público “buena onda”. Sobre el final, antes de los bises, mostró una camiseta de la Selección Argentina de fútbol con el Nº 10 y el apellido McCartney en la espalda. Y después sí, el gran final. Una impresionante seguidilla de temas de los Beatles mezcla de emoción y polenta.

El último tema del show se llama The End y originalmente estaba al final de Abbey Road. The End fue el último tema que John, Paul, George y Ringo grabaron juntos. Y también fue el que Paul eligió para despedirse de Buenos Aires.
Pero cuando saludó dijo “Hasta la próxima”.
Ojalá sea cierto y algún día vuelvas, Paul.
Julián y yo vamos a estar allá.


Lista de temas completa. Una guasada, vean.



Magical Mistery Tour
Jet
All My Loving
Letting Go
Drive My Car
Highway
Let Me Roll It/Foxy Lady
The Long and Winding Road
Nineteen Hundred and eighty-five
Let'em In
My Love
I've just seen a face
Bluebird
And I Love Her
Blackbird
Here Today
Dance Tonight
Mrs Vandebilt
Eleanor Rigby
Something
Sign the Changes
Band on the Run
O-Bla-Di O-Bla-Da
Back in the USSR
I've Got a Feeling
Paperback Writer
A Day in the Life/Give Peace a Chance
Let it Be
Live and Let Die
Hey Jude

Bises
Day Tripper
Lady Madonna
Get Back

Bises II
Yesterday
Helter Skelter
Sgt. Pepper Lonely Heart's Club Band (reprise)
The End

lunes, 23 de agosto de 2010

Inception (una opinión)

Christopher Nolan se nos ha presentado siempre como un director inquieto. La mayoría lo conocimos con Memento, donde ya destrozaba las convenciones de la narración tradicional. Lo confirmó en Prestige, logrando un maravilloso juego de prestidigitación que no fuimos capaces de ver hasta el final. Incluso al hacerse cargo de la multimillonaria franquicia de Batman mantuvo su personalidad. Todo eso hace que Inception (estrenada en Argentina con el nombre de El Origen) venga cargada de expectativas. Y que los que hemos visto filmes de Nolan exijamos un nivel mínimo de calidad bastante alto.
Es que en tiempos en que todo pasa por la imagen, El Origen nos fue vendido como una sucesión de imágenes impactantes. Comenzando por la que vimos hasta el hartazgo tanto en cine como en televisión o en Internet. La ciudad que se dobla sobre sí misma. Reconozco que al verla por primera vez dije “guau” por el término exacto de cinco segundos. Vamos, todos vimos Matrix y a esta altura la espectacularidad visual es algo que puede impresionar pero ya no sorprender. Entonces, la pregunta que automáticamente me hice fue: ¿Cómo se inserta esa imagen en una estructura narrativa coherente?
De manera que fui a ver Inception con las defensas altas, pero con ganas de ser sorprendido. Lo primero que pude corroborar fue lo que ya venía imaginando antes de tener incluso la menor idea acerca del contenido del film: El Origen es una traducción muy pobre del título. Originación, como ha sido traducido el concepto a lo largo de la película, es mucho más acertado. El inducir el nacimiento de una idea en el subconsciente de otra persona a través de la invasión de sus sueños es un punto de partida con un potencial magnífico y que requiere de un desarrollo a la altura que no se satisface con una buena pirotecnia visual. Es entonces cuando Christopher Nolan demuestra su oficio.
Vamos a decirlo de una vez: Inception es una experiencia narrativa maravillosa, en la cual el espectador se ve inmerso en una trama construida a través de cinco niveles de desarrollo, en los cuales el director juega con las reglas del tiempo y el espacio pero por sobre todo con las de la mente. De sus personajes y de quienes están del otro lado de la pantalla.
Dom Cobb es el mejor en lo suyo. En los primeros minutos de la película se encarga bien de dejarlo en claro. Su rama es el espionaje industrial, pero no de una manera tradicional. Cobb se mete en los sueños de otras personas y desde allí roba ideas, algunas veces teniendo que llegar hasta lo más profundo del subconsciente de sus víctimas. Por supuesto, su accionar es clandestino, y lo ha llevado a tener que dejar de lado su vida personal. Y esto incluye a sus hijos.
Porque antes de ser fugitivo internacional Cobb fue amante, esposo y padre. Pero ahora ni siquiera puede volver a ver a sus hijos sin ir a prisión de por vida. Y ante la posibilidad de terminar con esa huida sin sentido, Cobb acepta el trabajo que da título al filme.
Avanzar más en la trama sería estropear la sorpresa a quienes no la vieron. Y El Origen es ante todo una película que sorprende. Por su sólida y extremadamente compleja estructura narrativa, diseñada con precisión de ingeniería. Por la actuación de sus intérpretes, con Leonardo Di Caprio a la cabeza (indiscutible referente de su generación) y un elenco de lujo donde cada personaje está ejecutado con la solidez que se merece. Por el ritmo que logra imponer el director, que no conoce de pausas desde el comienzo hasta el final, incluso para sentar las bases teóricas de la historia (indispensables para mprenderla). Por los distintos niveles de profundidad en los que Nolan nos sumerge sin que siquiera nos demos cuenta. Pero por sobre todo porque es una historia sumamente original, en una época en que la originalidad está casi pasada de moda.
Por supuesto que Inception no es un plato fácil. No es para verlo un sábado a la tarde en Telefé. Requiere del espectador un nivel de compromiso y concentración acorde a la complejidad de la trama, so pena de no entenderla. Perderse un detalle puede ser fatal. Esta bien, así son las buenas historias.
Como frutilla del postre, un guiño que a estas alturas es más que significativo. Sin incurrir en un spoiler, buena parte de la acción se desarrolla en un vuelo que va desde Sydney hacia Los Angeles. No parece casualidad.


El Origen: Ficha técnica.
TITULO ORIGINAL: Inception
ACTORES: Leonardo DiCaprio, Ellen Page . Marion Cotillard , Cilian Murphy, Ken Watanabe, Michael Caine, Joseph Gordon-Levitt, Tom Berenger.
GENERO: Ciencia Ficción.
DIRECCION: Christopher Nolan.
ORIGEN: Reino Unido, Estados Unidos.
DURACION: 142 Minutos
CALIFICACION: Apta mayores de 13 años

lunes, 8 de septiembre de 2008

Rayuela, Capítulo 7


Capítulo 7






Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.



Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


miércoles, 27 de octubre de 2004

Palabras escritas en caliente

Identidad. ¿Quién sos? ¿Cómo lo sabés? ¿Estabas ahí para comprobarlo? ¿Y quién te lo contó? ¿Y crees que sus palabras son dignas de confianza? Truman (true-man) lo creía. Tenía una fe ciega hacia lo que le contaban que era su vida. Sin embargo, Truman era cualquier cosa menos eso. Su vida era un invento, una mentira que se estiró por décadas. Porque aunque a veces cuesta entenderlo, suele ser así, con una frecuencia mucho mayor a la que nos imaginamos. Existe una “historia oficial”, generalmente escrita por el que tiene el poder para imponerla. Vamos, si Hitler hubiese ganado la guerra hoy no representaría la encarnación del diablo. Acá la historia oficial la escribió Mitre: Belgrano creó la bandera, San Martín cruzó los Andes y a esta patria la hicieron grande los hombres educados y pudientes como él. La verdad, las guerras civiles, los negociados de Rivadavia, la matanza de indios, está todo al alcance, pero sólo lo vas a encontrar si lo buscás, porque realmente no hay ninguna necesidad de que veas los trapitos sucios de esta Gran Nación. Bueno, y ni vamos a hablar de los grandes negociados y arreglos de la actualidad. Allí la mano cambia: hay necesidad de que no te enteres de todo eso. Quedate tranquilo y hacé tu vida: Yabrán se suicidó, María Marta García Belsunce tuvo un paro cardíaco, Menem Jr. se cayó con su helicóptero y la política es absolutamente transparente. Saber más que eso puede llegar a ser incluso peligroso.
¿Y por casa como andamos? Habitualmente, los grandes héroes, los próceres, los villanos, nos son presentados como seres absolutamente buenos o malos, monodimensionales, nada más lejano a lo que en verdad es un ser humano. Y en ese contexto, nuestros padres son nuestros primeros héroes. Ellos son los que nos cuidan, los que nos enseñan a andar por la vida, los que nos ilustran con la palabra y el ejemplo. Ante nuestros ojos de niño son perfectos y todopoderosos. Y cuando crecemos, esa admiración sobrenatural perdura. Empezamos a ver grietas, entendemos que son débiles y que un día van a morir, pero eso no los hace menos ideales. Joder, ¿qué hay más difícil que imaginar a nuestros padres cogiendo? Y en esa admiración, en esa confianza incondicional que le damos por su misma condición de padres, está el poder que tienen sobre nosotros. Ellos nos dieron la vida, y por eso su palabra es santa. La paradoja es que esa santa palabra es la única prueba que tenemos de que ellos nos dieron la vida. Los documentos se pueden falsificar, los hechos se pueden ocultar, y tal como Truman, podemos vivir en una perfecta mentira construida para que no sepamos realmente quienes somos. Nadie fue testigo de su nacimiento, y nadie puede tener ninguna certeza más que de su propia existencia.
¿Quién sos? ¿Estás segur@? ¿Realmente lo estás?

lunes, 18 de octubre de 2004

Política

Todo es política. Hasta decirse apolítico es tomar una posición, establecer una política de vida. Existen dos conceptos relacionados con la política que hoy por hoy son clave en la conducta humana. Uno es el de la corrección política. Mucho se ha hablado sobre la corrección política. Ésta en definitiva no es más que un invento yanqui que pretende mostrarnos cómo deberían ser las cosas que en la práctica son diametralmente distintas. A modo de ejemplo: decirle negro a un negro en USA es políticamente incorrecto. Lo correcto es decirle afroamericano. Esto no impide que en la práctica ese afroamericano sea discriminado como el peor de los negros. Resumo: Lo políticamente correcto es el modelo que da el imperio para formar ciudadanos dóciles y manejables, que acepten las decisiones de las instituciones por el sólo hecho de provenir de ellas y que nunca, pero nunca dejen cruzar por su cabeza palabras tales como transgresión, rebelión o (vade retro!) revolución.
El otro concepto, en el cual me quiero detener un poco más, es el de decisión política. Cualquiera de nosotros toma decisiones todo el tiempo: Qué comprar en el el mercado, qué hacer con su tiempo, a dónde ir el fin de semana, etc. Pero cada tanto se le presentan a uno decisiones que implican una serie de consecuencias que pueden no ser del todo gratas, pero que serán peores en el caso de no tomarlas. Estas son decisiones políticas. A veces uno las estira, con la ingenua esperanza de que un milagro consiga evitar lo inevitable. Y en general resulta peor. Efecto bola de nieve, las consecuencias siempre crecerán a medida que el tiempo pase, y muchas veces lo que a tiempo hubiese sido un buen resultado, termina convirtiéndose apenas en el menor de los males.

Next Level


La vida se trata de quemar etapas. Uno nace, usa pañales, aprende a caminar, aprende a hablar, va al jardín, va a la primaria, va a la secundaria, sale los fines de semana, conoce a su primer amor, conoce a su segundo amor, va a la facultad, consigue trabajo, se casa, tiene hijos, se jubila, tiene nietos y se muere. Con matices, casi todos recorremos el mismo camino. Pero uno no vuelve a la primaria cuando ya es perito mercantil, ni toma mamadera cuando ya se cocina solo. Cuando una etapa terminó, terminó. Next level y a otra cosa. Constantemente nos vamos graduando en alguna materia, y una vez que la tenemos bien sabida es al pedo volver a estudiarla. Aferrarse al pasado sólo impide nuestro crecimiento. Por supuesto que se siente mejor ser niño, irresponsable y dependiente, pero llega un momento en que tenemos que darnos cuenta de que el momento pasó, y es tiempo de pasar a la siguiente casilla. No hay mejor momento que el presente, aunque nos parezca hostil, será peor si uno trata de recuperar lo que ya no existe. Hay una diferencia entre nostalgia y terquedad. A veces, es peor malo conocido que bueno por conocer. Dicen que los fantasmas son almas en pena que no van al cielo porque han dejado asuntos pendientes en la tierra. Esa también es una manera de aferrarse al pasado. Después de todo, ¿qué es la muerte sino el pasaje al próximo nivel?

domingo, 20 de julio de 2003

A los Amigos

Cuando éramos más chicos, o más jóvenes, hicimos promesas de amistad eterna que creímos que serían respetadas por siempre, que nunca íbamos a dejar de tener cerca a nuestros amigos, los que nos dio la escuela, los que nos dio el barrio, pero por sobre todo los que nos dio la vida.
Esa misma vida que con el tiempo nos fue demostrando que no es bueno desafiarla, y que siempre y nunca son palabras demasiado grandes para usarlas a la ligera, y que los juramentos y promesas no pueden ser eternos,
porque la eternidad es más de lo que uno podría asegurar que existe.
La vida, entonces, se encargó de dispersarnos, de ponernos distintos horizontes y marcarnos a cada uno un rumbo distinto, único, que a veces podía ser compartido por alguno de los viejos amigos, pero nunca por todos, porque es esa misma diversidad la que nos hizo estar juntos, y es ella la que nos separa.

Entonces alguno marchó hacia la facultad, otro se largó a laburar con o sin su título de técnico, otros no estudiaron nada y la pelean con la guitarra o la batería, otros cayeron y ya no están, y otros, algunos, los menos, nunca se fueron.
Pero no es un reproche, a nadie se puede culpar por seguir su camino, y si su camino se separa del mío,
no le haría más que daño si le exijo que me acompañe.
Entonces, para todos aquellos que aunque de ser amigos hayan pasado a esa genérica y difusa categoría de “conocidos” nunca se olvidaron de todos aquellos viejos y buenos momentos que pasamos juntos, para aquellos que nunca serán “ex amigos” sino “viejos amigos”, para aquellos que dejaron su lugar a nuestro lado pero nunca el que tienen reservado en nuestro corazón, para los que fueron, para los que son, y para los que siempre respetarán esas viejas promesas aunque estén físicamente lejos y rara vez se crucen con nosotros.
Para todos ellos, gracias por participar, y seguir participando, en lo que soy.

viernes, 6 de junio de 2003

Ciencia y religión

De hecho la guerra que se combate ahora es la misma que se combatía hace diez siglos en las Cruzadas. Cristianos versus musulmanes. Sólo que los cristianos ya no son tan cristianos, sino que levantan por sobre todo las banderas del Capitalismo, la Libertad y la Ciencia. Porque la realidad es que en los últimos cien años la ciencia vino a reemplazar a lo que conocemos como religión. Vamos por partes, ¿qué es una religión? Desde el comienzo de la Humanidad, religión ha sido todo aquel conjunto de mitos creados por los hombres para explicar todo aquello que les era demasiado oscuro como para entenderlo de manera natural. La creación del mundo, del ser humano, las fuerzas de la naturaleza, el día, la noche, el mar, la tierra, todo encontraba respuesta si era necesario, y satisfacía la curiosidad natural de los pueblos, al tiempo que ahuyentaba el miedo a lo desconocido, enemigo arcaico y primal del género humano. Y desde la época del iluminismo, la encargada de responder todos esos interrogantes es la ciencia. Ahora todos sabemos que la Tierra es redonda y gira junto con ocho planetas más alrededor de una estrella a la que llamamos Sol. Sin embargo, no tenemos la misma certeza acerca de la existencia de Dios. ¿Significa que la ciencia ha reemplazado a la religión? Sí, pero no del todo. Existen dos aspectos en los que la ciencia no puede contra su vieja enemiga, y esos mismos son los pilares en los que la religión (nuestra religión, occidental, por más que hoy reniegues de ella) se basa: La vida de ultratumba y la Voluntad Divina. Por un lado, uno de los mayores interrogantes que arrastró la Humanidad desde sus albores es si hay vida después de la muerte, tanto que todas las religiones tienen una idea formada al respecto. Los egipcios preparaban a sus muertos con todas sus posesiones terrenales para realizar el viaje al más allá. Los católicos, en cambio, estamos condenados a pasar toda una vida de sufrimientos y privaciones porque sabemos que luego tendremos la recompensa del Paraíso, previo Juicio. La ciencia, en cambio, en el mejor de los casos no dice nada. En el peor, sentencia dramáticamente que cuando te moriste game over, desenchufaste el aparato y todo lo que había adentro se perdió. Demasiado para lo que puede soportar un ser humano.
Y el tema de la voluntad divina. Siempre es bueno tener un amigo influyente a quien pedirle favores cuando las cosas no pintan bien. Puede ser alguien del Gobierno, la secretaria del gerente, o si no queda otra Dios. Que en su infinita bondad y sabiduría siempre se va a hacer un ratito para ocuparse de nuestros problemas. Ni sueñes que la ciencia va a hacer algo parecido. Esa es la razón de la proliferación de iglesias alternativas: te ofrecen la posibilidad de pedir favores sin necesidad de sufrir de la manera que exige la iglesia católica. La combinación es ideal: podés divertirte tranquilo que igual te voy a ayudar. Nada más dejá unos mangos en la caja de la iglesia. De ahí al becerro de oro, un paso. Pero si hoy la iglesia aparece desvirtuada no es culpa de nadie más que de la iglesia misma, que a través de los siglos permitió, entre otras cosas, la creación de santos que no sirven más que para disimular una situación real de politeísmo; una institución como la Inquisición, responsable de la muerte de miles de personas basándose sólo en sospechas; la supuesta evangelización de los indígenas americanos, responsable de un genocidio sin comparación a lo largo de la historia. Concluyendo, entonces: la gente necesita respuestas, no sólo a los problemas cotidianos sino también a las preguntas trascendentales, aquellas que existen desde que el hombre tomó conciencia de su presencia en este mundo. La ciencia puede responder cada vez más de éstas, pero para las demás siempre será más cómodo y simple seguir confiando en la religión. Después de todo, la Biblia es más fácil de entender que la teoría de la relatividad. Pero no ha habido ninguna guerra entre los partidarios de Freud y los de Lacan.

martes, 20 de mayo de 2003

El mundo sigue su marcha

El mundo da vueltas sin preocuparse demasiado por tu miserable existencia. La nimiedad del ser humano es algo que hasta a los propios humanos les queda grande. Cada uno es el centro de su propio universo, y sin embargo el mundo sigue ahí, dando vueltas. No se trata del cálculo comparativo-matemático de Carl Sagan, ni tampoco de la confrontación del tamaño de una persona frente al del mismo Sistema Solar. Sólo se trata de que un ser humano es apenas un poco más que la nada. Imaginemos esto: un espiral formado por millones de puntos luminosos: La Vía Láctea. Cada uno de esos puntos, una estrella alrededor de la cual seguramente giran unos cuantos planetas. En una de esas estrellas, un planeta con una atmósfera de hidrógeno y oxígeno. En ese planeta, cinco masas continentales que emergen de una enorme superficie líquida. En esos cinco continentes, seis mil millones de boludos pensando en como conseguir guita.
El problema es la guita, seguro, pero no la obtención o la falta de ella, sino su misma existencia. El problema es que miles de años de civilización sólo sirvieron en el hombre para inhibir lo más valioso que hay en él: la capacidad de disfrutar de lo simple. Estar tirado sobre el pasto mirando las nubes. Mirar una puesta de sol sobre el río. Sentir el viento en la cara desde la cima de un cerro. Reírse, sólo reírse como chicos. Es maravilloso lo que se puede hacer cuando uno se olvida de todo lo que tiene y debe. Es increíble como cambia la manera de encarar la vida cuando se toma conciencia de la propia insignificancia. Es en la humildad donde se encuentra la verdadera grandeza del Ser Humano. Si total, hagas lo que hagas, el mundo siempre seguirá dando vueltas. Y vos no te moverás de ahí.

miércoles, 12 de febrero de 2003

Uno no se las sabe todas

Uno no se las sabe todas, uno va recorriendo ese camino entre puerta y puerta de la vida tropezando y aprendiendo de los tropezones que da, así como dicen que la experiencia es un peine que te dan cuando te quedás pelado es cierto también que es un peine que no se presta, la experiencia se vive y no se comparte, y lo que pudo resultar productivo para uno puede ser desastroso para el otro. OK, a uno le gusta contar las cosas que le pasan por dentro, es una forma de terapia, incluso, es sacarse de las tripas lo que puja por salir y dar lugar para que algo nuevo crezca, pero jamás se pone en el lugar del maestro que ya está de vuelta y tiene bajo el brazo el manual de instrucciones de la vida. Lo que yo escribo es apenas una crónica de lo que observo. Nada más. Nadie tiene por qué seguirme. Ni a nadie doy instrucciones de cómo hacerlo.
Odio los textos de autoayuda. Recibo en mi casilla día a día cadenas de mail donde se me dan todo tipo de fórmulas mágicas que convertirán mi vida en un paraíso. La estructura es más o menos la misma en todos los casos: frases cortas, normalmente en modo imperativo; muchas metáforas, muchas veces innecesarias; muchas veces una parábola ilustrativa para adornar; y siempre, de modo infaltable, la sensación de que el que escribió el texto vivió la vida cinco veces y ya no existe nada que no tenga previsto en su manual.
Me encanta equivocarme. No existe derecho tan humano como el de equivocarse, y no existe mejor manera de aprender. A veces tomar una decisión equivocada puede ser desastroso, pero peor aún es cuando la decisión equivocada fue hacer caso de lo que otro me dijo en vez de hacer lo que mi propio instinto me decía. Si un día mi hija me dice que quiere meterse a monja, yo por convicción no puedo aprobar esa decisión, y voy a tratar de convencerla de no hacerlo, pero jamás le prohibiré que lo haga, ya que eso provocaría que ella viviera culpándome por haberle coartado su vocación, lo sea realmente o no, no tendría forma de saberlo. Prefiero que se meta a monja y se equivoque y se salga, o no y el equivocado haya sido yo, pero que sea ella la que tome la decisión, porque es su vida, y nadie la vivirá mejor que ella. La vida no viene con manual de instrucciones, y aunque ya seas pelado para cuando tengas tu peine, sabrás que fuiste vos el que lo armó, diente a diente, y eso no tiene precio.

jueves, 17 de octubre de 2002

Mirá más allá de tu monitor

Mirá más allá de tu monitor: afuera está la calle. Mirá más allá de la calle: hay todo un mundo afuera. Las posibilidades son infinitas: sólo hace falta valor. Nos quejamos de estar atados cada día a la misma rutina: rutina de empleado, comerciante, ingeniero, contador, desocupado, estudiante. A todos nos gustaría vivir aventuras, sentirnos héroes aunque sea por un día, como decía Bowie. El problema está en que no nos animamos. Que me encantaría, pero mirá todo lo que tengo para hacer. Que sería fantástico, pero con todos los gastos que tengo estoy como para aventuras. Que ni lo pensaría si sólo tuviera la oportunidad. Lo cierto es que las oportunidades nos rodean, como decía Conan Doyle en El Mundo Perdido. Lo que pasa es que para tomar esas oportunidades hace falta tener mucho huevo. O mucho ovario. La característica principal de los héroes es un desinterés en ellos mismos que los lleva a jugarse todo sin importar los riesgos. Eso es lo que tienen en común 007 y la Madre Teresa de Calcuta. Es cierto que a James Bond le gusta estar rodeado de las mejores minas y alojado en los mejores hoteles, pero no duda en arriesgar la vida cada vez que es necesario defender los intereses de Su Majestad. Del mismo modo si uno cualquiera de nosotros quisiera ser un héroe sólo bastaría con tomar alguna de las miles de oportunidades que se nos presentan a diario y sacrificar todo por aprovecharla. Ser voluntario de Greenpeace, trabajar en una misión para ayudar a quien más lo necesite, ofrecerse a ayudar en las iglesias o en cualquier lugar donde alguien precise que lo socorramos, son también maneras de convertirse en héroe. Por supuesto que esa no es la forma de heroísmo que buscamos. A nosotros nos gustaría ser héroes cotidianos y de entrecasa, poder tener una sola gran aventura que justifique nuestras vidas y contarlas hasta el hartazgo mientras nos quede aliento que gastar. Lamento decirles, mis queridos, que ese heroísmo no existe, sólo pasa en las películas. Héroe es una profesión de tiempo completo que exige el abandono de las propias ambiciones. Analícense las características del héroe clásico: no tiene familia, no tiene posesiones materiales, no tiene ambiciones personales, no tiene nada salvo una inconciencia feroz que le permite enfrentarse a las situaciones más riesgosas sin darse cuenta realmente de todo lo que está poniendo en juego. Demasiado para nosotros, acostumbrados a luchar tan sólo por mantener el mínimo confort que nos permite la sociedad de hoy en día. En realidad esa misma rutina de la que tanto nos quejamos se nos hace tan imprescindible que podemos bien aceptar una alteración momentánea en ella (vacaciones, fin de semana largo, huelga, enfermedad), pero una alteración permanente siempre nos resulta traumática. Perder o cambiar el trabajo, radicarse en otra ciudad u otro país, mudarse o irse a vivir solo. La rutina nos contiene, nos mantiene ligados a la realidad, siempre nos resulta preferible tener una idea de lo que vamos a hacer mañana y no sentir que cada día es un salto al vacío. Nos aterra la idea de perder el mínimo control que tenemos sobre nuestro destino. Si de hecho hasta el héroe tiene su rutina, rutina heroica si se quiere, pero rutina al fin. Y ahí es donde nos descubrimos como héroes cotidianos, dando todo de nosotros día a día, dejando cosas de lado y tomando decisiones fundamentales para defender aquello en lo que creemos: nuestro bienestar, nuestro valor como laburantes, como padres, como miembros de una familia, como individuos plenos. Sin peligros exóticos, sin enfrentarnos a la muerte día a día, sin llegar a los extremos Bond o Madre Teresa. Pero siempre peleando por lo nuestro contra nuestros mortales enemigos: El Jefe de Sección, la directora de la escuela, el ministro de economía, el portero del edificio, la vecina del 5º B. No te distraigo más. Sigue y cumple tu misión, héroe.

domingo, 23 de junio de 2002

La Búsqueda, Ayer Y Hoy

15-12-97
15:25 hs

Algún rato libre para estar tranquilo sentado en un banco en el botánico. “Buscarse a uno mismo”, concepto escuchado y utilizado hasta el hartazgo, pero imposible de comprender si no lo aplica uno sobre sí. Quizás el único sentido de la vida humana (tomando la humanidad tanto como raza o como suma de individualidades) sea buscar. Ni siquiera buscar para encontrar, porque la concreción de una meta siempre plantea otra superior, y no hay respuesta que no genere cien interrogantes aún más desconcertantes que el original, y así se crea un círculo no ya vicioso sino vital, no existe peor desperdicio que dejar que la vida transcurra mientras esperamos que nos den las respuestas esta noche en el programa de Mauro Viale.
Mientras tanto, yo sigo buscando. Y aunque por tantos años pareció seca y estéril, la tierra comienza a dar sus primeros frutos. Pronto llegará la cosecha.

23-06-02
17:25 hs

Se dice que para realizarse en la vida hacen falta tres cosas: Plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Las tres, más o menos, apuntan a lo mismo: dejar huella en este planeta. Sin embargo, hay una gran diferencia entre ellas. Vamos por partes: El árbol durará cientos de años, sobrevivirá a muchas generaciones de personas presenciará hechos que jamás podremos imaginar, pero como mudo testigo será apenas una referencia para los que con él convivan, y no dirá nada acerca de aquel que lo plantó. Nuestro hijo será la luz de nuestros ojos y la razón de nuestro existir, pero vivirá su vida y no deberá ser conocido como nuestro hijo sino como él en su individualidad, en su propia e incomparable persona. Lo contrario marcaría nuestro fracaso como padres, ya que lo principal que se le debe dar a un hijo son las herramientas para que pueda vivir su vida sin necesidad de atarla a la nuestra. De modo que nuestro hijo tampoco dirá nada acerca de quien a este mundo lo trajo. El libro, en cambio, es distinto. Que no debe ser necesariamente un libro, tampoco, sino cualquier obra que perdure más allá de nuestra limitada vida. Escribir una sinfonía, como Beethoven. Pintar la Gioconda, como Leonardo. Esculpir el David, como Miguel Ángel. Descubrir la penicilina, como Fleming. Inventar la luz eléctrica, como Edison. Es nuestra obra la que hablará de nosotros a las próximas generaciones, la que le dirá a los que nunca nos conocerán quienes fuimos y qué hicimos para que nos recuerden. Plantar un árbol está bien, tener un hijo es maravilloso, pero es nuestra obra, lo que hagamos con nuestra vida, lo que marcará si nos realizamos o no. La vida humana es muy corta, ciento treinta años en el más extremo de los casos, setenta como un promedio aceptable, en medio de más de cinco mil de historia y millones de existencia del planeta. No podemos darnos el lujo de desperdiciar ese soplo divino que se nos dio. Aunque no haya nadie para admirar lo que hacemos, siempre estará nuestra buena conciencia, esa implacable acusadora que, sin embargo, es quien mejor nos aprueba cuando sabemos que hicimos las cosas bien. Si después de más de cincuenta años sigue habiendo flores en la tumba de Gardel es porque, mal o bien, se lo ganó. Las flores no significan nada, pero si después de que nos fuimos, alguien se acuerda de nosotros con una sonrisa en la cara, es porque también nos lo ganamos. Ganémoslo.

miércoles, 3 de abril de 2002

Credere

Creer, del latín credere. Hay una crisis de confianza actualmente, estamos tan quemados por todos aquellos que nos han traicionado que ya no creemos en nada. Ya no podemos creer en las instituciones, ya no podemos creer en nuestros gobernantes, menos aún en aquellos que nos aconsejan “desinteresadamente” y ni siquiera en quien nos ofrece un trabajo por miedo a que nos cague. Pero toda esta incredulidad nos hace también cerrarle el crédito a aquello que nos hace bien, que nos hace humanos y nos permite vivir en sociedad. Normalmente se asocia, más aún en ésta época del año, al hecho de creer con palabras como fe y esperanza. Pero se nos ha hablado tanto y tan en vano de estas palabras que hasta a ellas las hemos dejado a un lado. Analicémoslas de a una: la Fe, con mayúsculas, apela a Dios, a la religión, y ese es un tema muy personal. Pero aparte existen otros tipos de fe, más pequeñas, más íntimas, pero que al ser más humildes y cotidianas hacen a nuestra vida, y forman parte de nuestra diaria realidad. Fe en nuestros amigos, con quienes sabemos que podemos contar cuando sea, no importa si para brindar con una cerveza porque las cosas marchan bien o para llenarles el hombro de lágrimas porque van mal. Fe en nuestra familia, la de origen o la que nosotros formamos, a pesar de que más de una vez nos den algún disgusto. Fe en nuestra pareja, que siempre está a nuestro lado ofreciéndonos su invalorable apoyo. Fe, por sobre todo, en nosotros mismos, en nuestra capacidad, nuestro talento y nuestras convicciones, porque en definitiva somos los únicos con quienes de ninguna manera podemos tener intereses encontrados. Y aunque sea cierto que tanto nuestros amigos, nuestra familia o nuestra pareja nos pueden cagar, y que encima estas son las cagadas que más duelen, porque llevan el agravante de la proximidad (no es lo mismo que te cague tu hermano que el gerente de personal), si llegamos al extremo de cagarnos a nosotros mismos ahí sí estamos listos, brother.
Y por el otro lado está la esperanza. Que es lo último que se pierde, dicen. Pero lo último que se pierde es la vida. Y también dicen que donde hay vida hay esperanza. De lo que finalmente concluimos que esperanza y vida son la misma cosa (el razonamiento no es mío). Yendo un poquito más profundo, la existencia misma de la vida, el mero hecho de levantarse a las siete de la mañana para ir a laburar o ir a buscar laburo, implica aunque sea la esperanza de que si las cosas ahora no están lo bien que nosotros quisiéramos que estén, está siempre latente la posibilidad de que cambien, de que peguemos un golpe de suerte y terminemos de una vez con la malaria. En fin, que por más que nosotros mismos a veces no nos demos cuenta siempre estamos esperando algo que justifique nuestro paso por este mundo.
En fin, que uno, por más golpeado que esté, siempre tiene algo de fe y algo de esperanza. Es ese motorcito que nos da fuerza para arrancar cada día. Es, en definitiva, lo que nos diferencia de los vegetales.

viernes, 22 de marzo de 2002

No Hemos Sido Presentados

Perdón, no hemos sido presentados. Tradicionalmente el anonimato ha servido para realizar todo tipo de intenciones. Anónima es la amenaza, pero también la donación. Anónimo es el admirador secreto que vuelca todo su amor en cartas pero no se da a conocer por pura timidez. Anónima es la llamada que denuncia un crimen, porque el que la realiza quiere estar bien con su conciencia pero no declarar en un estrado. Anónimo es el que aprovecha un chat para decir todas las guarradas que cara a cara no se atrevería. Anónimo es el que pone su grano de arena para formar la voz de la masa, en un estadio o una manifestación. Anónimo es el que llama a medianoche a una radio para hablar de cualquier cosa. Anónimo sos vos, anónimo soy yo, anónimo somos todos los que podemos caminar por la calle sin que nos pidan autógrafos o nos escupan en la cara. Anónimos somos casi todos.
Aquí el anonimato no significa cobardía sino liberación. No hemos sido presentados, esto no significa que no podamos conocernos. A Marlon Brando no le importaba el nombre de María Schneider en El Ultimo Tango en París, pero bien que le daba. Todos tenemos una doble vida, eso lo sabía bien Cerati y lo sabe cada uno de nosotros en su interior. Todos tenemos dentro un poeta frustrado, temeroso del desprecio de los demás. De esta manera el anonimato de cada uno no pasa por una cuestión de esconderse porque se sabe en falta sino de quitarse la inhibición. No hemos sido presentados, y no hace falta. Sólo hacen falta tus ganas de conocer, y mis ganas de compartir esta humilde colección de palabras.