Miro
por la ventanilla y sólo veo nubes y el ala del avión. Estoy a
35.000 pies de altura (unos doce mil metros) según la azafata y no
puedo evitar imaginarme a un pibe haciendo pan y queso en el aire
desde el suelo hasta donde estoy ahora. No es mi primera vez en el
aire; sí en avión. Cuando estuve en el servicio militar hicimos una
experiencia de combate en helicóptero. En aquella ocasión yo viajé
en el borde del portón trasero de un Bell UH1H (los mismos de
Apocalypse Now) de cara al vacío con uniforme de combate y sostenido
tan sólo por un cinturón de seguridad flojo (y no inercial). Pero
claro, entonces no volé por sobre las nubes.
Y
por cierto, es mucho mejor escribir en un avión que en el subte.