martes, 14 de mayo de 2013

There is no place like home

There is no place like home

Suena el despertador a las seis de la mañana y te levantás dispuesto a encarar otro día agotador. Te bañás (el agua sale fría), desayunás a los pedos y salís corriendo para tratar de agarrar ese colectivo que se te escapa diez metros antes de que lo pares. Llegás al trabajo, marcás tarjeta (08:01) y encontrás a tu jefe que por primera vez llegó antes que vos. Empezás a organizar la pila de papeles que te dio para terminar en la semana, te das cuenta que te va a llevar el resto del mes. Salís al almuerzo y lo único que podés comer es una hamburguesa minúscula que para colmo está fría. Volvés al trabajo y ahí están esperándote todavía todos esos malditos papeles...
Llegás a tu casa, prendés la luz y lo primero que hacés es sacarte los zapatos. Después de desvestirte vas a la heladera y buscás algo fresco para tomar (una cerveza no estaría nada mal) y acercás una banqueta al sillón para apoyar los pies. Agarrás el control remoto del equipo y ponés algo de música (¿qué tal jazz?). Cerrás los ojos y te relajás.

There is no place like home.

Best and worst cartoon from the golden age

En un nuevo ejercicio de subjetividad les presento hoy los que en mi opinión son el mejor y el peor cartoon de la edad de oro de los dibujos animados. Increíblemente los dos llevan la firma de Tex Avery, uno de los mejores animadores de la primera mitad del siglo XX.

El primero es una genialidad llamada "Red Hot Riding Hood". Debe haber sido una de las primeras reversiones del cuento de Caperucita Roja, por lo menos la más antigua que recuerdo. En esta el lobo, la abuela y Caperucita se quejan de lo cansados que están de hacer siempre las mismas boludeces y reclaman un cambio. El resultado es esta versión de Caperucita adulta con todo el swing que luego fue copiado hasta el paroxismo por Jim Carrey en "The Mask".


Tex Avery - Red Hot Riding Hood (1943) por DaddyCrowley

Por otro lado, y también de Avery, tenemos "I love to Singa", de 1936, para mí el cartoon más aburrido de la historia. En realidad es una pariodia de "The Jazz Singer", primer film sonoro de la historia, pero en mi opinión es un intento ciertamente fallido. En fin, hasta los genios se mandan cagadas.


I Love to Singa from Sounds Fun SFX on Vimeo.

jueves, 9 de mayo de 2013

Vicios


Una mentira de tres décadas

No era mí mejor época, tal vez fuera la peor. La crisis del 2001 había pegado duro y se sentían sus coletazos. Mi esposa me bancaba, pero ya había empezado a cansarse del asunto. La nena tenía dos años recién.
Cuando las cosas se pusieron más difíciles y yo me quedé sin laburo y sin ganas, fue mi mujer quién me recomendó que empezara a hacer terapia. Lo sugirió como una manera de salvarme y salvarnos, y bajo la promesa de seguir mis pasos en cuanto los primeros resultados se vieran.
Pero se sabe que el proceso es paulatino. Ella cumplió su palabra y a los seis meses empezaba la suya propia. Yo empezaba a enfrentarme a mis fantasmas más poderosos.
Y por supuesto, como era de esperar que sucediera tarde o temprano, un día llegué hasta mis padres.


Mi viejo era un tipo normal laburante, que me quiso y me cuidó. Mi vieja también laburaba. Entre ellos no se llevaban bien, apenas recuerdo una vez haberlos visto de reojo darse un pico cuando yo tendría cuatro años. Tenían terribles peleas de las que era testigo. Mi viejo no era habitualmente violento pero recuerdo que me ha dado un par de palizas de antología que coincidieron con los peores momentos con mi vieja. Ella era despreocupada, no le daba bola a nada ni a nadie, ni siquiera a mí. Cuando yo tenía 8 años nos mudamos a una casa en Parque Patricios que durante una década fue mi prisión. No tenía ni nunca tuvo agua caliente, caía revoque desde el techo, las paredes estaban todas picadas y la puerta de calle estaba permanentemente sin llave, incluso cuando yo estaba solo, y ni hablar de la humedad y las goteras. Así vivimos diez años. Un día a finales de 1992 mi viejo se murió. En su velorio apareció una mujer desconocida vestida de negro que lloró sobre su ataúd y se fue sin decir palabra.
Sé que mis padres hicieron lo que pudieron, como cualquier ser humano. Les cuestiono lo malo pero les agradezco lo bueno, lo que hoy
me hizo ser lo que soy. Pero al llegar a mi primer año de terapia sentía la necesidad imperiosa de confrontar a mi madre para entender su lógica, para saber por qué…
Creo que mis palabras exactas fueron: “Si me iban a criar de la manera que me criaron, ¿para qué me tuvieron?”
Mi vieja bajó la mirada. las lágrimas que querían escaparse brillaban detras de sus lentes cuando la volvió a levantar.
“Nosotros no te tuvimos”, fue la respuesta. Entonces me habló sobre mi tío, mi padrino, su hermano por parte de madre y quien me malcrió durante toda mi infancia. Él tenia fama de playboy, y más de uno se rió de la paradoja de que muriera un 1º de mayo cuando jamás había trabajado. Era un buen tipo, pero tenía sus cosas, como todos. Una de ellas es que era bastante mujeriego, cosa que no suele ser bien vista en un hombre casado. Al menos por su esposa. Ella era chilena y bastante más grande que él. Él la quería, pero ella nunca se había adaptado del todo ni a la familia ni al país. Nunca entendí si ya no podía tener hijos o si nunca había podido. La cuestión es que él un día le confesó de una de sus aventuras con una compañera de trabajo de ella, y del accidente que le llevaba a confesar. Sabiendo que ya no podrían ser padres, le ofreció hacerse cargo juntos de ese accidente, pero ella en medio del dolor por la traición y porque su marido había obtenido lo que ella jamás podría, le dijo que no.

Entonces él se acordó de su hermana menor, compañera de juergas y borracheras, quien se había hecho tres abortos y ahora que el tiempo apremiaba comenzaba a resentirlo. Élla y su marido aceptaron pero pusieron sus condiciones. El niño sería de ellos. No querían ningún tipo de detalles sobre las circunstancias que lo habían llevado a aus brazos. Lo anotarían en el Registro Civil un 22 de marzo como si fuera propio y él jamás se enteraría de una palabra sobre la verdad.
Aparentemente nací un 10 de febrero. Casi treinta años después mi madre rompió su palabra. Nada sabía ella sobre la anónima amante de mi tío en cuyo vientre yo había estado. Me pidió disculpas y abandonamos el café donde yo la había citado por ser terreno neutral.
Mi terapeuta dice que nunca me vio tan abatido como esa semana. No me dolía tanto lo sucedido, como el hecho de que se haya pasado toda mi vida sosteniendo esa mentira, y que ahora los que podrían haberme traído algo de verdad ya habían muerto. Lloré, puteé, me encerré en mi cuarto, cagué a trompadas a mi colchón y odié a mis padres de crianza, a mi padre biológico y a esa Turca que me había parido y que por alguna desconocida razón no había querido saber nada más de mí.
El jueves consideré que era suficiente y decidí tomarme hasta el sábado para sufrir. Me senté delante de la computadora y empecé a transmutar mi dolor en letras. Sesenta páginas escribí de un cuento que trataba de explicarme por qué. El sábado por la noche me acosté con la sensación de que había cumplido.
El domingo salí a comprar el diario.
El lunes conseguí tres trabajos.

Kiss of fire

El Choclo, versión Dr. House


Geek



martes, 7 de mayo de 2013

Sobre reinas reales e imaginarias


(Muchos spoilers para los no lectores)

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner tiene una indisimulable pasión por el Twitter, fruto de la comodidad que le ofrece un medio en el que puede expresarse cuando se le ocurre sin ser interrumpida ni cuestionada. Esto hace que hable por esta red social de todo lo que tiene ganas, y debido a esto a veces habla de más. Pero no nos confundamos: todo lo que dice está teñido de intencionalidad política. Cristina no es un mujer ingenua y si bien últimamente se la ve apabullada por la marea de contrariedades que viene sufriendo su gestión, cada vez que dice algo lo hace con una intención precisa. Es así que hace algunos días se refirió a Game of Thrones, producción de HBO basada en una serie de novelas de George R.R. Martin, como su serie televisiva preferida. No casualmente Game of Thrones se emite los domingos a las 22 hs., en el mismo horario que Periodismo Para Todos, el programa conducido por Jorge Lanata donde desde hace poco menos de un mes se están sacando a la luz detalles sobre lavado de dinero que involucran directamente a las altas esferas del poder kirchnerista. Entonces, al mismo tiempo que ignora sistemáticamente todas las denuncias que rodean a su presidencia, CFK manifiesta su agrado por un programa de televisión que se superpone con el de su archienemigo nunca reconocido.

Pero más allá de los vaivenes de la connotación, nos encontramos ante un hecho poco común en el que vemos dos universos independientes el uno del otro como son la ficción fantástica y la agenda política por una vez entremezclados. Esto provoca que analistas políticos serios y prestigiosos (como el mismo Lanata) quienes por lo general no tienen la costumbre de hablar de lo que no saben, por una vez lo hagan. Y por supuesto, los resultados suelen ser desastrosos. Esto se notó particularmente en la comparación forzada que varios hicieron entre Cristina y Danaerys Targaryen sólo por el motivo de que la presidenta declaró que ese era su personaje favorito.
Vamos por partes: dudo mucho que Cristina realmente vea Game of Thrones (en adelante GoT). La serie está basada, como se dijo antes, en la saga Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin (sí, una cruza de productor de los Beatles con Tolkien), la cual ya tiene publicados cinco volúmenes de los siete que están previstos. Martin tiene un pasado de guionista de televisión. Entre sus trabajos se destaca "La Bella y la Bestia", serie de los '90 que contaba con el protagónico de Linda Hamilton. Martin decidió por aquellos años abandonar los guiones para dedicarse a las novelas, afirmando que el tiempo televisivo lo limitaba demasiado en cuanto a extensión. Se propuso entonces escribir la historia más grande que su imaginación pudiera crear. Resultó que el señor tenía una imaginación bastante profusa. De esa manera forjó la existencia en 1996 de un mundo de ficción con tres continentes ambientados en una época con resabios medievales, pero sin contacto con nuestro universo. Por lo tanto tuvo que explicar la geografía y la organización política de este mundo. Y hablar de política implica hablar de historia, así que tuvo que inventar doce mil años de historia previa en los que se incluyen conquistas, genocidios, guerras, invasión de criaturas sobrenaturales, dragones, rebeliones, traiciones y la construcción de un muro de hielo de 200 metros de altura y 500 km. de longitud. También crea no una, sino al menos cinco religiones distintas, cada una con su respectiva liturgia, que se profesan en los distintos escenarios. Quiero que esto quede claro: Martin detalla, a través de la tradición oral, los eventos destacados en esos doce mil años en dos de los tres continentes de manera que los lectores seamos capaces de comprender los procesos históricos que llevaron a que las cosas estén como están en el presente de la saga. Normalmente la técnica del escritor es permitir que la historia se complique hasta determinado punto. Asímismo, los personajes y tramas secundarias se pueden ramificar hasta cierto nivel. Luego de eso la historia tiende a resolverse. En la saga de Martin van cinco libros a un promedio de mil páginas cada uno en los que la historia no deja de complicarse y ramificarse. Ni atisbos de que vaya a resolverse. Quizás este sea el principal atractivo para sus seguidores.
Por supuesto que la serie de TV, por los mismos motivos que en su momento Martin había abandonado el medio, necesariamente tiene que refrenar el aliento narrativo del autor. Es por eso que el trabajo realizado por Dan Weiss y David Benioff para HBO implica el desafío de mantener el sentido y el espíritu de la saga de novelas pero adaptándolo al lenguaje y los tiempos que la televisión exige, con el agravante de disponer de apenas diez capítulos de una hora por temporada para desarrollar esta historia. Hasta ahora los resultados son ciertamente auspiciosos. GoT va por su tercera temporada (equivalente a la primer mitad de la tercera novela, Tormenta de Espadas) y tanto las mediciones de audiencia regular como las descargas en internet no dejan de crecer. De hecho, para combatir la piratería, HBO tomó la arriesgada decisión de emitir los episodios estreno en simultáneo prácticamente en todo el mundo. Por supuesto, en horario estelar: domingos a las diez de la noche. Sí, el mismo horario de Lanata.
Si bien es imposible resumir la magnitud de la historia, hay algunos ejes por los que podemos movernos para entender de qué va. En el continente occidental de Westeros (Poniente) hay Siete Reinos que hace 300 años fueron unificados por Aegon Targaryen el Conquistador, con ayuda de sus dos hermanas y sus tres dragones. La dinastía Targaryen gobernó con altibajos hasta que, quince años atrás, el príncipe Rhaegar, hijo mayor de Aerys, el Rey Loco, secuestró a Lyanna Stark, hija de Rickard Stark, señor de Invernalia, el antiguo y poderoso bastión del Norte. Lyanna estaba prometida con el señor de Bastión de Tormentas, Robert Baratheon, quien contestó a la ofensa levantándose en rebelión contra Aerys y matando en combate a Rhaegar en el vado del río Tridente. Herido, su amigo y hermano de Lyanna, Ned Stark, marchó a la capital del reino, Desembarco del Rey, a derrocar al rey Aerys. Pero antes que Ned llegó Tywin Lannister, señor de Roca Casterly, pricipal productor minero del continente y antiguo aliado del Rey. Cuando Aerys abrió las puertas para dejar entrar a su amigo, se encontró con su traición. Tywin saqueó Desembarco y su hijo Jaime, guardia real de Aerys, rompió su juramento y mató al Rey por la espalda. Robert Baratheon fue coronado Rey de los Siete Reinos y para sellar su alianza tomó como esposa a Cersei Lannister, hija de Tywin. Los hijos de Rhaegar y herederos al trono fueron asesinados, pero su madre embarazada y su hermano Viserys lograron huir a la isla de Rocadragón, tradicional bastión de los Targaryen. Allí fue dada a luz Danaerys durante una terrible tormenta. Su madre murió en el parto. Viserys huyó con su hermana al vecino continente de Essos, donde durante años intentó con poco éxito obtener ayuda para restaurar a los Targaryen en el preciado Trono de Hierro.
Es quince años después cuando comienza la acción en presente. Robert convoca a su amigo Ned para ser la Mano del Rey (algo así como un Primer Ministro) luego de la muerte de Jon Arryn, quien había ocupado ese cargo durante todo ese tiempo. Los Lannister ansían el poder y si bien Robert tuvo dieciséis bastardos, los hijos que llama legítimos son fruto de la unión de Cersei con su hermano Jaime. Ned decide investigar esto y como resultado tanto él como Robert son asesinados. Asciende al trono Joffrey Baratheon, el supuesto heredero de Robert, quien resulta ser un monarca cruel y despótico. El reino se levanta en guerra y hay cinco reyes en disputa. Si bien Joffrey, gracias a las maniobras de Tywin, logra ganar la guerra, finalmente es asesinado el día de su boda. Asume su hermano de ocho años, Tommen. Cersei, quien siempre ambicionó el poder pero nunca pudo manejar a su esposo ni a su hijo mayor, encuentra en el pequeño Tommen la posibilidad de controlar los destinos del reino. Cersei es personalista, soberbia y caprichosa. Gobierna un paìs desvastado por las luchas internas. Se rodea de un consejo de inútiles y aduladores que no hacen mas que aplaudirla. Desconfía y procura deshacerse de quienes piensan distinto. Sus medidas de gobierno profundizan los problemas económicos, sociales y polticos del país. Quiere eternizarse en el poder y teme no poder hacerlo. No respeta ni escucha los reclamos de su gente. Ve conspiraciones en todos lados. Repito, estoy hablando de Cersei. Ya hablaremos de las otras reinas.
Por su parte, y al otro lado del Mar Angosto, Danaerys Targaryen creció huyendo de los asesinos que mandaba Robert y su hermano Viserys nunca logró más que ser conocido como el Rey Mendigo. Gracias a la ayuda de un comerciante de la ciudad de Volantis, Viserys decide entregarla como esposa a un Khal Dothraki (nación nómade con reminiscencias de los hunos) quien lo proveería de un ejército para recuperar Poniente. Pero Viserys es soberbio y resentido, y no se preocupa por entender a los dothraki. Como resultado Khal Drogo lo corona con oro fundido y hasta ahí llega el Rey Mendigo. Pero ya liberada de la tiranía de su hermano, Danaerys comienza su camino como Khalesi. Convence entonces a Drogo de emprender la conquista de Poniente, pero una herida mal curada y la traición de una bruja lo deja vegetativo y su autoridad es cuestionada por todo el khalasar que lo sigue. Entonces decide matar ella misma a su marido para terminar con su sufrimiento y decide quemar su cuerpo en una pira. En la pira también deposita tres huevos de dragón petrificados y ella misma ingresa en las llamas. Emerge ilesa y con tres dragones recién nacidos. A partir de entonces comienza su reinado, caracterizado por la proximidad entre ella y su pueblo, una profunda piedad por los más débiles y un implacable sentido de justicia. De esta manera libera la ciudad esclavista de Astapor del yugo de los ghiscarios y obtiene su ejército de Inmaculados. Los Inmaculados son soldados entrenados desde niños para obedecer ciegamente y resistir al dolor. En su entrenamiento se le amputan los genitales, deben criar mascotas para luego matarlas y matar bebés. También son torturados de distintas formas. Al enterarse de esto Danaerys "compra" a los soldados, los utiliza para matar a sus amos y luego los libera, dándoles la opción de seguirla como hombres libres. Luego de eso libera dos ciudades esclavistas más, Yunkai y Mereen, y se queda en Mereen a gobernar. Es una gobernante sabia y amada por su pueblo, que la trata por el nombre de Mhysa: Madre.

Y finalmente tenemos a Cristina. Conocemos bastante a Cristina, para bien o para mal. He leído artículos donde se manipulaba la figura de Danaerys para que coincida con el perfil de CFK, pero desde donde se las mire son mujeres bastante distintas. Ante la desgracia de su pueblo, Danaerys actúa. CFK calla. Por supuesto, el traje de Cersei parece calzarle como hecho a medida. Finalmente, antes de que termine la cuarta novela, Festín de Cuervos, Cersei debe responder por los crímenes cometidos durante su reinado. El castillo de naipes que construye a través de las páginas finalmente se le viene encima.
Todavía no sabemos cuál será el destino definitivo de cada una de nuestras tres reinas. Lo que resulta innegable es que ese destino está cada vez más cerca. Sea el Trono de Hierro o el calabozo, el camino de las tres se va demarcando y de a poco se acercan a su lugar definitivo en la Historia.
Que el Padre las juzgue con severidad, que la Madre las guíe y, a las que lo merezcan, que los Otros se las lleven.

viernes, 3 de mayo de 2013

domingo, 28 de abril de 2013

De otros Olimpos


Hubo una época en la que el rock argentino era uno de los Grandes Orgullos Nacionales. América Latina toda se rendía a los pies de bandas como Soda Stereo, Zas o Virus. Propuestas renovadoras como las de Sumo, Los Twist o Suéter aparecían a cada rato. Viejos próceres como Miguel Abuelo se repatriaban y renovaban su vigencia. Desde distintas ciudades del interior surgían talentos como Juan Carlos Baglietto, Los Enanitos Verdes, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Todo era felicidad en  el planeta rock.
Y dentro de ese planeta no resultaba difícil establecer distintas jerarquías entre los participantes. Por un lado estaban las Estrellas. Figuras rutilantes que se organizaban de acuerdo a los discos que vendían. Es el caso de Miguel Mateos, quien durante años ostentó el título de Artista más vendedor por Rockas Vivas. Podemos nombrar también e Federico Moura, Pipo Cipolatti, Luca Prodan (estrella outsider cuyo espíritu sería rescatado por el Indio Solari). Incluso figuras menores como Pil Trafa o Richard Coleman eran considerados estrellas, sin olvidarnos por supuesto de las Damas del Rock: Celeste Carballo, Fabiana Cantilo o Patricia Sosa entre otras.
Después se podía reconocer a los Padres Fundadores: los sobrevivientes de aquellas interminables trasnoches en La Cueva y La Perla del Once: Litto Nebbia, Moris, Javier Martínez, el mismo Miguel Abuelo, Pappo. En general a estos se les había pasado el cuarto de hora, salvo honrosas excepciones como Miguel que había comenzado a probar las mieles de la masividad con Los Abuelos de la Nada o el Carpo, devenido en furioso exponente del heavy metal vernáculo con Riff.
Así más o menos era el panorama rockero de Argentina a mediados de los ochenta. Falta, sin embargo, una categoría más que dejé a propósito para el final y que fue creciendo y decreciendo al vaivén de nuestro rock. Son los Dioses del Olimpo.

En el comienzo fue el Flaco. Ya desde Almendra Luis Alberto Spinetta se perfiló como un artista diferente. La experiencia de Pescado Rabioso y fundamentalmente la edición de Artaud lo catapultaron a un plano superior con respecto a todos los demás músicos. Ese mismo año salió a la venta el primer disco de Sui Géneris: Vida. En ese momento hizo su presentación en sociedad aquel que durante los siguientes veinte años competiría con el Flaco por el trono de Suprema Deidad del Olimpo Rockero: el Señor Charlie García (luego Charly). Durante diez años Luis y Charly fueron superándose a sí mismos una y otra vez a través de grupos y discos, hasta que la Guerra de Malvinas trajo consigo la prohibición de pasar música en inglés y por ende la explosión del rock en castellano. En ese momento comenzaron a surgir bandas y solistas por todos lados, y si bien ninguno conseguía destronar a nuestros dos paladines, hubo quienes con tiempo y esfuerzo lograron eventualmente hacerse un lugarcito en el Panteón de Dioses Argentos.
El primero de ellos fue Fito Páez. Su ingreso al selecto club se produjo en 1992 cuando editó El Amor después del Amor. Fito había empezado su carrera como tecladista de Juan Carlos Baglietto y posteriormente realizó colaboraciones con Charly y el Flaco, pero recién cuando publicó el disco más vendido de la historia del rock nacional obtuvo su pase dorado. El segundo fue Andrés Calamaro.
Él tomó clases de rocanrrol directamente de Miguel en los Abuelos y luego sacó unos cuantos discos solistas aceptables. Pero fue en 1997 con Alta Suciedad y a su regreso de España que logró el título (ciertamente discutido) de “Dios”. Esto se debió a dos causas: el éxito apabullante que tuvo en Argentina y en Europa con su banda “Los Rodríguez” y el éxito en nuestro país de su nuevo álbum. De aquí podemos entonces extraer dos sencillas reglas:

1º: No importa lo que el artista haya hecho dentro de una banda; lo que cuenta es el trabajo solista. En otras palabras, Dios es un título individual.
2º: Dios tiene calidad, pero si no vende no es Dios.
Un buen ejemplo de estas dos reglas de oro se dan con el último ingresante: Gustavo Cerati. Efectivamente, al frente de Soda Stereo Gustavo rompió todos los records de éxito internacional que haya tenido banda argentina jamás. Pero estar al frente de una banda no cuenta. Después de la separación de Soda lanzó una interesante carrera solista, pero su éxito no era comparable al de su grupo. Recién en 2006 con Ahí Vamos logró el éxito individual, y con él su ingreso al ansiado Panteón.

Viene todo esto a cuenta de la decadencia moral de Argentina. Entre tantos otros Olimpos que hemos visto caer, el rock nacional es quizás el mejor ejemplo de lo que fuimos y ya no somos. ¿Dónde están ahora nuestros Dioses? El Flaco mantuvo la frente alta hasta el final de sus días, pero el final de sus días simplemente llegó y ahora no tenemos más Flaco. Charly jugó con los límites y los excesos hasta que perdió, y su rescate nos dejó apenas una cruel parodia de aquel que alimentó el soundtrack de nuestro crecimiento. Fito se vendió al diablo y ahora transcurre entre declaraciones de “asco” y conciertos para celebrar que hace veinte años que no saca un gran disco. Calamaro dejó de lado su hipercreatividad para llorar en Twitter su inestabilidad emocional. Y Cerati llegó tan arriba que cuando cayó no se volvió a levantar. Nadie ha venido a ocupar esos puestos vacantes. El rock nacional, el rock argentino es hoy un buen recuerdo para quienes lo vivimos, y un ente abstracto para quienes llegaron tarde. Así pasa también con tantas otras de nuestras instituciones.
Ojalá algún día podamos volver a sentir que tenemos un rock y que vale la pena mostrarlo. Ojalá algún día podamos volver a sentir lo mismo por nuestro país.






*Este artículo está empapado de subjetividad, así que no jodan con que también deberían estar incluídos Pappo, Luca o el Indio. Construyan sus propios panteones para eso.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Oíme

¿Se escuchó desde Olivos, Señora Presidenta?
Escuché y leí por ahí que la marcha del 8N la había convocado la ultraderecha, que la fecha se eligió por el cumpleaños de Astiz y la muerte de Massera, que la bancaba el grupo Clarín y no sé cuántas cosas más. Nada de eso fue lo que vi en la calle. A las ocho y media de la noche, cuando llegué a Acoyte y Rivadavia, solamente me encontré con algunos miles (sí, miles) de vecinos iguales a mí. Había parejas jóvenes, matrimonios adultos, abuelos con sus nietos, familias enteras. No vi nazis, ni activistas. No vi golpistas ni desestabilizadores. Todos eran gente común, movilizándose por aquello que consideraban justo. Desconozco las motivaciones particulares de cada uno, apenas puedo hablar de las mías. Personalmente quiero vivir en un país que se deje vivir. Donde uno pueda tener la libertad de trabajar sin ser explotado; donde el gobierno esté al servicio del pueblo, y no a la inversa; donde los que piensan distinto sean escuchados y no perseguidos; donde la Constitución se respete en vez de ser manipulada según la conveniencia; donde los legisladores legislen a conciencia y los jueces hagan respetar las leyes; un país, en definitiva, en el que los que recibieron el voto del pueblo tengan presente la voluntad de ese pueblo que los puso allí donde hoy están.
A mí honestamente no me importa si Astiz cumple años o si Cecilia Pando estaba entre la concurrencia. Yo fui para reclamar al gobierno porque no me gusta la manera en que hace las cosas. No me gusta que los funcionarios se enriquezcan obscenamente mientras cada vez hay más pobres. No me gusta que se falseen las estadísticas para que no se note que la economía se cae a pedazos. No me gusta que los jueces sean elegidos a dedos para tapar los delitos que los funcionarios no pueden esconder. No me gusta que se gasten fortunas en propaganda para sostener a fuerza de repetición las mentiras que nos cuentan día a día mientras la gente se muere en unos trenes obsoletos porque la empresa no invirtió en lo que tenía que invertir y el gobierno lejos de controlarla miró para otro lado. No me gusta que cada vez que alguien abre la boca para decir que todo esto no le gusta lo acusen de golpista y le tiren encima todo su descomunal aparato. Y no me gusta para nada que el discurso del gobierno genere la división social que hoy existe en Argentina, donde estás a favor o en contra y el otro es el enemigo.
Por eso marché hoy en paz con miles de desconocidos que también son mis vecinos. Para decir que estoy cansado, y que quiero y merezco que se me escuche. Lamentablemente sé que no me van a querer escuchar; pero ya no van a poder hacerse los boludos y decir que todo está bien y que acá no pasa nada. Porque fueron miles los que hoy marchaban conmigo, pero eran cientos de miles los que nos esperaban en el Obelisco. Y aunque seguramente no todos piensan exactamente como yo tampoco vi ninguna pancarta deseándole feliz cumpleaños a Astiz o pidiendo que expulsen a los extranjeros indocumentados. La mayoría de las pancartas reclamaban apenas algunos derechos básicos. Libertad. Seguridad. Salud. Educación. Cosas tan simples como esa.
Pero hay algo que tengo que agradecerle, Señora Presidenta. Y es que después de muchos años nuevamente tuve ganas de salir a la calle a hacer política. Porque la política no está en las banderas sino en la decisión personal de cada uno de hacer algo para que el mundo en el que vive sea un lugar mejor. Y hoy vi cientos de miles de personas con ganas de hacer política. Con ganas de hacer historia. Espero que esta vez lo haya escuchado, Señora Presidenta.


lunes, 3 de septiembre de 2012

Help


En el principio fue el abandono. Una mujer me parió e inmediatamente me dejó en otras manos. Con un comienzo así no se puede pretender una historia demasiado feliz. Caí en manos de una mujer histérica y de un hombre derrotado. Nunca entendí por qué mierda mis viejos seguían juntos. Ni siquiera era su verdadero hijo. Mi viejo estaba en casa apenas el tiempo suficiente para comer y dormir. Su laburo y su hogar paralelo lo tenían demasiado ocupado. A mi vieja lo que la ocupaba era el vino blanco barato. Sí, laburaba y en la oficina guardaba las formas, pero todo eso se iba a la mierda una vez que cruzaba la puerta de casa. Con mi viejo tenían discusiones terribles, a los gritos. Durante una época mi viejo llegó a levantarme la mano. Por suerte no fue mucho tiempo, pero me dio un par de palizas legendarias. Mi vieja revoleaba cosas. Recuerdo perfectamente un plato de fideos con tuco estrellado contra el postigo de la ventana. Nunca nadie lo limpió. A mi vieja no le gustaba limpiar ni hacer nada por la casa, y a mi viejo menos. La casa donde vivíamos no tenía agua caliente ni calefacción. En invierno era muy fría y en verano muy calurosa. La puerta de calle estaba siempre abierta. Algún tipo de fobia al encierro de mi vieja. Como los dos trabajaban yo desde muy chico me quedaba solo en casa. Un día apareció un borracho en el patio de casa. Simplemente había entrado. Yo tendría ocho o nueve años. Por suerte le dije que se fuera y se fue. Pero podría no haber tenido tanta suerte.
Mi vieja también tomaba Valium. En esas ocasiones era lo mismo que yo estuviera solo. Ella no reaccionaba con nada. La sacudía en su cama y sólo murmuraba incoherencias. Nunca sentí que me haya cuidado, ni siquiera que me haya respetado. A mi vieja le estaba creciendo un fibroma en la panza y un día superó su miedo a los delantales y se enfrentó al bisturí. Le extirparon el fibroma y buena parte del aparato reproductivo. Mi viejo se enteró después y le dio un pico de presión. Así me quedé yo, con quince años y mis dos viejos internados en el hospital Penna. Supongo que en lo que a mí respecta fue entonces cuando dejé de tener padres. Mi viejo nunca se recuperó del todo y nunca pudo volver a trabajar. Mi vieja siguió siendo la misma inútil de siempre. Yo tuve que empezar a laburar y estudiar de noche y todo lo que debería haber sido una adolescencia normal se convirtió en un ensayo del resto de mi vida. Trabajé de canillita, de cadete en dos revistas y de repartidor de café, todo eso antes de poder terminar la secundaria y de que me toque la colimba. De la colimba podría haber zafado, pero en retrospectiva creo que me resultaba más atractiva la idea de arrastrarme entre cardos en Campo de Mayo que seguir en mi casa con mi vieja. Mi viejo ya se había muerto hacía algunos meses. Para ese momento era un nene caprichoso que lo único que quería era comer las cosas que el médico le había prohibido. Era el momento de mi vida en que más hubiera necesitado una guía, y estaba solo.  A partir de ahí esa fue la constante de mi vida. Miento, ya era la constante desde hacía rato. En la colimba me quedé hasta que el Servicio Militar Obligatorio fue derogado y después un año más como voluntario. Odiaba el ejército, pero más odiaba la vida que tenía afuera. Cuando esta proporción se invirtió, me fui.
Después de eso fui cartero, cadete administrativo, cajero, cartero de vuelta un par de veces, vendedor, desempleado, técnico de pc, municipal, librero, telemarketer, y un montón de cosas más que me olvido. Pero nada de esto me llenaba. Yo quería estudiar periodismo, pero cuando tenés que mantener tu casa a los dieciséis años se complica incluso terminar la secundaria. La terminé a los veintiuno, estando todavía bajo bandera. Nunca tuve la posibilidad de empezar y terminar una carrera. Siempre tuve que romperme el culo laburando. En el ’98 hice el CBC para Historia. Me fue bastante bien, metí cinco de seis materias. Pero estaba cansado de estar solo, y ya había empezado mi vorágine autodestructiva. Supongo que entre dejar que los demás me caguen la vida y cagármela yo siempre es preferible hacer las cosas por uno mismo. Así que me casé, en un esfuerzo por alejarme de las drogas y de la noche. Anduve estable por algún tiempo, pero la feliz vida de un matrimonio tipo de clase media no es para mí. Ojo, lo sobrellevé durante bastante tiempo. Incluso tuve una hija y convertimos nuestro matrimonio en familia. Pero dentro de mí las cosas no estaban bien, y empecé a caer. Los episodios depresivos comenzaron por esta época. Cuando me quedaba sin laburo se ponían peor, pero cuando laburaba no se detenían. Simplemente nunca me gustó lo que hacía. Estuve varios meses tirado en la cama casi sin levantarme. En esa época vivíamos arriba de la casa de mi suegra, así que nos arreglábamos. Pero yo estaba cada vez peor. En algún momento me pude levantar y fui a trabajar con un plan social a la Municipalidad de Lomas y empecé a hacer terapia. Ya tenía casi treinta cuando me enteré de mi adopción irregular, y que la sangre de mis viejos no corría por mis venas. Supongo que fue un alivio en algún punto. Me sirvió para soltar amarras.
Pero yo no estaba bien en ningún laburo, y mi matrimonio me empezaba a cansar también. Me di cuenta de que la Familia Ingalls era insoportablemente aburrida. Así y todo conseguí un buen laburo y me compré un auto. Pero no me gustaba nada de lo que hacía y una vez más empecé a boicotearme. Dejé el laburo en Compumundo y me dediqué a vender jubilación privada. Hacía poco tiempo había nacido mi segundo hijo. No mucho después me fui de casa. Había amado a mi esposa, sí, pero eso ya se había terminado. En ese momento mi vida se fue a la mierda. Perdí mi laburo, anduve de acá para allá en un montón de relaciones engañosas, tormentosas u ocasionales, choqué el auto y me volví a perder en el centro de mi autoconmiseración.
Esta fue mi época más productiva en lo literario. Como no tenía otra cosa que hacer más que escribir y seducir mujeres, puse toda mi energía en estas dos tareas. Conseguí todo tipo de mujeres y escribí todo tipo de textos, mayormente cuentos. Publicaba en un blog, y para mi sorpresa descubrí que mucha gente me leía. Amigos de blog, se decían, algo así como lo son ahora los amigos de Facebook. Pero no nos mintamos, los amigos de Facebook o de blog lo son en tanto el compromiso de su amistad pase por poner un comentario en alguna publicación y no más que eso. Cuando se trata de veras de ayudar al amigo, todos eso que te leyeron y te elogiaron desaparecen y resulta que jamás te conocieron.
Conseguí entonces una boluda que me apañe, alguien con la suficiente falta de autoestima como para hacerse cargo de mí mientras yo me dedicaba a lamentarme. Y me sirvió, de a poco pude ponerme de pie y empezar de nuevo. Así que la boluda me empezó a molestar, pero no me la saqué de encima inmediatamente. Algo como remordimiento o culpa me hacía quedarme con ella. Me puse a laburar de operario en un depósito y las cosas estuvieron más o menos estables. Después me fui a un call center con la idea de tener tiempo para estudiar. No resultó. El call center se fue a la mierda y yo supongo que descubrí que la Historia no me gustaba tanto como imaginaba. Lo único que yo siempre quise era escribir, pero nunca nadie tuvo interés en poner un centavo por mis palabras. Ni siquiera todos aquellos que me elogiaban mis cuentos y me incitaban a publicar en papel. Como si convencer a un editor fuera tan fácil.
Y yo seguía con mi solitaria existencia. Todos los que habían estado alrededor mío se habían ido yendo de a poco. Sólo un par de amigos quedaron, y al final uno solo. El otro quería que yo me lo cogiera y me abandonó cuando yo finalmente encontré el amor. Porque esta historia no es toda tan triste, y sí, al final encontré alguien en el call center a quien pude mostrarle por completo como soy, con todas mis miserias, y ella me aceptó así y así comenzó a amarme, y nunca dejó de hacerlo. Pero yo estaba enfermo, y me costó demasiado aceptar que podía ser feliz. Cuando al fin lo hice dejé a la boluda y me fui con ella, mi amor, mi némesis, mi complemento. Empecé a manejar un taxi y alquilamos un departamento donde irnos a vivir juntos. Le presenté a mis hijos y no tardó en adoptarlos. Construimos juntos una relación tan fuerte que hasta entonces no la hubiera creído posible. Hoy somos el uno para el otro, mis nenes la reconocen y la quieren, y mi vínculo con ellos está en su mejor momento.
Estaría bueno terminar la historia acá. Vivieron felices, comieron perdices, etc. Pero en Buenos Aires no se consiguen perdices, y la felicidad total es un bien aún más escaso. El taxi es una prisión que te come casi toda tu vida. No tengo tiempo para estar con ella, y ella está sin trabajo y me necesita. Me necesita laburando y me necesita abrazándola, pero yo no puedo hacer las dos cosas. Y es entonces cuando la frustración le deja paso a ese monstruo inacabable que es la depresión. La depresión es como las brujas, o como la personalidad múltiple: o bien no creemos en ella, pero la hay, o bien creemos pero como algo literario, que no le puede pasar a un conocido. Bien, yo tengo un cuadro depresivo que en las últimas semanas pasó de serio a grave. Un círculo vicioso más que importante. Y siento que no tengo derecho a deprimirme. Todos los días tengo que pagar más de la mitad de lo que gano con el taxi al dueño del auto. El resto es para mí. Para cubrir el día tengo que trabajar lo mismo que cualquier oficinista. Recién lo que sería “horas extras” me da de comer. Entonces llego a mi casa y para lo único que tengo tiempo es para comer y dormir. Como mi viejo, pero sin hogar paralelo. Mi mujer me necesita y yo no puedo estar con ella. Entonces me deprimo y la abrazo fuerte a la mañana en la cama. Salgo tarde y solamente tengo tiempo para cubrir la plata del día. La plata no alcanza para vivir y yo me deprimo más. Y así, pero cada vez peor. Desde hace una semana pasó de serio a grave. En diez días tengo que conseguir la plata que tardo dos meses en hacer, y no sé de que disfrazarme. Y eso me desarma, y no puedo ni siquiera subirme al auto sin que me dé una crisis.
La verdad es que soy un excluido del sistema. Desde mi nacimiento irregular hasta mi presente incierto. Hice muchas cosas en mi vida, pero por sobre todo viví. Tengo experiencia de sobra, pero no de la que se obtiene en un aula. No tengo pergaminos que me amparen, y es por eso que ninguna empresa me quiere. Podría ser un muy buen administrativo como de hecho lo he sido, pero hoy te piden una licenciatura para cualquier boludez, y haber pasado los treinta y cinco es un pecado mortal. Ayer quise pasar un domingo en paz. Sólo eso. Esa jodita me cuesta hoy dos mil quinientos pesos que no sé de dónde sacar. Mataría por un trabajo tranquilo y rutinario de lunes a viernes, que me permitiera estar un par de horas por día disfrutando de mi hogar y darle mejor tiempo a mis hijos. Pero sólo consigo frustrarme y volverme más depresivo. Grito pidiendo ayuda y nadie hay para escucharme. No me voy a morir, pero tampoco sé cómo seguir adelante.
Solamente quiero vivir.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Inconsciente en colectivo

Ante todo que quede bien claro que no soy racista, xenofobo, sexista ni clasista. En todo caso soy especialista: considero que toda la especie humana sin excepción es una garcha.
Por supuesto que hay algunos especímenes que hacen verdadero mérito para ganarse mi desprecio. Escribo esto mientras viajo a bordo de un colectivo. Los colectivos de Buenos Aires tienen un no se qué particular. Particularmente molesto. Ya de entrada tenés que someterte al humor del chofer. Esto se traduce en las ganas que tenga o no de abrirte la puerta. Ahí es donde radica el eje de su poderío. Si el tipo va con un par de monos parados y no tiene ganas de abrirte, lo mas probable es que ni siquiera se gaste en pisar el freno. Alguna vez he visto pasar dos, tres, cinco bondis seguidos cuyo chofer simplemente siguió de largo sin que le importe el menor de los carajos si yo llegaba tarde, me cagaba de ofri o me hacían un pibe los vecinos de la villa 1-11-14. Un par de veces me le planté adelante. No es fácil hacer eso, porque se tiene que dar la circunstancia de que el bondi vaya lo bastante lento como para que no te lleve puesto, pero si lográs hacerlo sos Gardel. En serio. El tipo no puede arrancar porque es intento de homicidio y al final no le queda otra que abrirte porque la propia gente que lleva arriba se le tira en contra. El tipo termina odiándote pero no tiene más remedio que marcar uno con veinticinco.
Una vez traspuesto el primer escollo nos encontramos ante la gran duda: parados o sentados. Aquí se abren varias alternativas. La primera es que el colectivo esté vacío. Este es el mejor de los escenarios posibles. Uno simplemente debe elegir entre los asientos disponibles y ubicar allí su humanidad. Por supuesto que cuanto menos vacío esté el bondi menos posibilidad de elección tendremos. Esto implica que a veces tendremos que fumarnos a un compañero de asiento que no será de nuestro agrado. Porque claro, puestos a elegir cualquiera querría a una joven y simpática señorita de bellas facciones y generoso escote dispuesta a darnos un rato de agradable charla y por qué no su número de celular y su facebook, pero la realidad a veces nos sienta junto a Doña Porota con su visible sobrepeso que la hace ocupar un asiento y medio y su facilidad para dormir y roncar en cualquier lado y aún así arreglárselas para babear sobre nuestro hombro.
El segundo de los escenarios posibles es el del colectivo lleno. Ahí es cuando uno en primera instancia se resigna y busca el mejor lugar para ubicarse. Para evaluar correctamente cuál es ese lugar nos guiaremos por los indicadores que voy a detallar a continuación. El primero de ellos tiene que ver con evitar el contacto físico entre uno y los otros. Los otros representan una fauna variopinta que sería interesante pero algo extenso detallar. Por lo pronto dejaremos claro que como buena fauna se caracteriza por sus olores corporales, sus emanaciones personales y sus necesidades sexuales. En otras palabras, chivan como hijos de puta o lo que es peor, se bañan en perfume berreta (porque sépanlo: quienes usan perfumes buenos no viajan en bondi), se tiran pedos, eructan y para colmo te apoyan, te manosean y te manotean el ganso. Todo eso, por supuesto, en el caso de que no vayan directamente a punguearte. El segundo indicador tiene que ver con la posibilidad de conseguir un asiento. Percibir qué asiento se va a desocupar es un arte que se aprende con largos años de experiencia en eso de viajar en bondi. No tiene sentido que se los trate de explicar: un gesto, una pose, una actitud al encarar el viaje; todo eso nos puede dar una lectura sobre cuánto tiempo falta hasta que determinado pasajero abandone su condición de tal. Una vez identificado aquel que en menor tiempo dejará una plaza libre el desafío pasa a ser ubicarse de manera tal que quede disponible para nosotros sin que haya riesgo de que otro (u otra) nos la arrebate. Aclaro esto porque uno de nuestros mayores y más acérrimos rivales en esta situación son las nunca bien defenestradas Viejas del Colectivo, señoras ya entradas en años y con aparentes dificultades para movilizarse que ante la liberación de un asiento son capaces de tacklear luchadores de sumo, caminar sobre la panza de embarazadas e incluso deslizarse hábilmente entre nuestro culo y la cuerina cuando se trata de apoyar el suyo propio por el resto del viaje, aunque este mismo no se extienda más allá de una parada. Eso, por supuesto, cuando no apelan al "Ay, joven, ¿no me cede el asiento? Es que ya he vivido tantos años..." cuando uno ya está comodamente sentado. Y no sentado en los asientos de adelante, sino en el fondo, en uno de los pocos asientos que quedaban cuando uno subió al colectivo semivacío. Y uno, que no quiere hacer un escándalo, se lo da. Porque la alternativa, por supuesto, es mandarla a la mierda. Digo, uno viene de laburar 14 horas seguidas parado como un boludo para que esta señora que estuvo todo el santo día rascándose vehementemente la argolla viaje las cinco cuadras que la separan de la casa de su amiga que la espera con té y masitas y le quite a uno el asiento. Asiento que luego quedará para la pendeja que sale del colegio escuchando Lady Gaga en su celu y que viaja hasta Berazategui completamente aislada de lo que pasa alrededor suyo.
Por último, hay un tercer escenario posible: el del colectivo completo. A ver, imaginemos la situación: uno está haciendo la cola en la parada y ve venir al colectivo vacío. "¡Qué bueno!" piensa. "¡Voy a viajar sentado!". Entonces, a medida que la cola avanza uno ve como los asientos se van llenando. Finalmente llega el turno frente a la máquina y es entonces cuando uno se da cuenta de que si bien no hay nadie parado, tampoco hay asientos vacíos. Conclusión: uno viaja como un pelotudo agarrado al pasamanos mientras el resto del pasaje va departiendo alegremente en sus cómodos asientos y uno se siente el más gil del barrio. Lo bueno es que esta situación es transitoria. Normalmente no pasa más de una o dos paradas hasta que sube más gente y entonces uno se regocija con el hecho de saber que, al menos, no es el único boludo de pie en el bondi. Así es, amigos, la miseria humana es moneda común en este medio de transporte. Ahora los dejo porque se acaba de liberar un asiento de adelante y hay una embarazada con un crío a upa que me lo quiere cagar.

viernes, 26 de agosto de 2011

Apología de Cortázar

Hoy hubiese cumplido 97 años Don Julio Cortázar, mi maestro, mi guía, mi mentor. Aprovecho para volcar acá algunas palabras escritas ya hace un tiempo:


"Jamás oculté mi admiración por Julio Cortázar. El mayor piropo que alguien me ha hecho es decirme que lo que escribo le recuerda a Cortázar. No creo ser merecedor de tal elogio, pero ¡Ay! ¡Cómo me gustaría! Y hablo del escritor brillante, pero tambien del observador. Recién me pidieron que nombre cinco libros, y la verdad que se me hace difícil. Pero si me dicen uno solo no. Si me dicen uno solo mi respuesta siempre va a ser Rayuela. Ese libro es increíble, el tipo logra plasmar de manera exquisita toda la literatura occidental en una novela, y encima de da el gusto de torcer sus reglas hasta lo inimaginable. Nadie puede ya hacer una novela como Rayuela. Porque cualquiera que lo intente va a quedar atrapado por la sombra del gran Julio.
Y sus cuentos. Los cuentos de Cortázar son la cima de la literatura en español. Hay ejemplos, puntuales, inolvidables, que sirven como mojón. La señorita Cora, por ejemplo. Allí se cuenta la enfermedad y la muerte de un adolescente. Un tema terrible. Pero Cortázar logra que el argumento del cuento pase a segundo plano. Porque lo cuenta en primera persona desde cada personaje que participa, en forma de discurso interno, alternando el narrador sin aviso previo, tal vez en la misma frase. Así nos lleva desde la subjetividad de cada personaje, incluso el chico que muere, desde la internación hasta su entierro. O La Noche Boca Arriba, donde un motociclista que tiene un accidente es internado en un hospital y sueña que es un prisionero azteca a punto de ser sacrificado, para descubrir a último momento que es un prisionero azteca que sueña con ser motociclista. Apocalipsis de Solentiname, una maravilla muy poco conocida. O Continuidad de los Parques, el cuento perfecto.
Sí, sí, amo a Cortázar. Y ahora me acuerdo del segmento de instrucciones de Historias de Cronopios y de Famas, pleno de ironía y profundidad. El preámbulo a las Instrucciones para dar cuerda al Reloj, una obra maestra donde te demuestra quién es dueño de quién. Hoy podría llamarse "Preámbulo a las instrucciones para configurar el celular". "


De hecho en un alarde de falta de respeto llegué a escribir esa actualización de las Instrucciones. Lo pueden leer aquí. Mi intención es apenas demostrar lo vigente que sigue Don Julio a 27 años de su fallecimiento. Valga este post como homenaje. A modo de colofón, adjunto un pequeño video con su voz leyéndonos a través del tiempo y el vinilo el Capítulo 7 de Rayuela, tal vez el texto más sensual y erótico jamás escrito, y que tantos y tan buenos polvos nos ha facilitado.


lunes, 15 de agosto de 2011

Tudo bem

Desconozco la lógica de los aeropuertos. Decididamente no sé cómo funciona esto. Estoy esperando para embarcar en el vuelo 7650 de Gol y de lo único que estoy seguro es de mi falta de certezas. Todo es pasajero, menos el chofer me dijo Bender. A Bender lo conocí hace casi 16 años. Yo por aquellas épocas había caído en las garras del servicio militar voluntario (Ver Cabo IV) y me habían elegido para hacer una comisión diplomática en Porto Alegre, capital del estado de Rio Grande do Sul. La comisión consistía en desfilar por las calles con el uniforme histórico del Regimiento de Patricios para el Día de la Independencia, 7 de Septiembre. Ese día hizo una temperatura de al menos 39° celsius, y la galera que llevaba sobre mi cabeza era un pequeño horno encargado de freirme los sesos. El desfile en sí era a lo largo de no más de cinco cuadras, pero al finalizarlo debíamos quedar formados bajo el sol durante todo el tiempo que duró la ceremonia, algo así como media hora. En total, con la previa, el desfile y la formación final, nuestra participación debe haber durado unas dos horas. Al menos dos compañeros no lo soportaron y se desmayaron mientras estaban formados. Luego de eso el motivo por el cual habíamos viajado estuvo cumplido, pero de todos modos nos quedamos tres días más.
El avión acaba de despegar. Es de noche y llueve en Porto Alegre, aunque ya hace varios minutos que dejé la ciudad atrás. Sobre mí un hermoso cielo azul estrellado, abajo un tormentoso mar de nubes. Lo reconozco: notar la presencia de relámpagos no resultó tranquilizador, pero una vez que las nubes quedaron abajo ya no hubo de qué preocuparse. El avión tiembla un poco. Habrá que decirle al mecánico que revise la suspensión. Los días siguientes luego del desfile nos trataron como reyes, o mejor, como embajadores. En Porto Alegre conocí el concepto de “Gente fina” y entendí que era el que mejor se adaptaba a los lugareños. Gente hospitalaria, amable, con una sonrisa en la boca siempre. Hermosas mujeres y hombres siempre serviciales. Buena gente, gente fina. Nosotros  paramos en el cuartel de la Polizia do Exército. Todas las mañanas al levantarnos nos esperaba un café. Parece poco dicho así, pero café es la manera en que ellos denominan al desayuno. Un café, entonces, consistía en una mesa con café, leche, té, tostadas, dulce de leche, manteca, mermelada, lomito ahumado, queso, pan, huevos, bananas, naranjas, manzanas, uvas y jugo de naranja, todo en cantidad como para abastecer a un regimiento, y nosotros eramos apenas una compañía. El almuerzo era algo similar, solo que sin pan y con el infaltable acompañamiento de arroz con feijâo preto, una salsa de porotos negros. Debo haber aumentado unos tres kilos en esos cuatro días.
Hoy se votó en Buenos Aires y por lo poco que pude enterarme el clima acompañó con un sol radiante. En Porto Alegre llovió durante todo el día, pero ahora miro por la ventanilla y veo cómo las nubes comienzan a desaparecer. No hay nada por debajo. Uno de los encargados de velar por nuestra comodidad era el Cabo Augusto. El Cabo Augusto era un pibe de unos 20 años, más o menos la misma edad que tenía yo por entonces. Durante los dos primeros días el idioma había sido un problema pero para el tercero mi portugués había progresado bastante más que el de mis compañeros. Tal vez por eso oficié muchas veces de intermediario entre ellos y Augusto o su superior, cuyo nombre ya no recuerdo. Ellos nos llevaron a conocer la ciudad y nos mostraron distintas caras del modo de vida gaúcho, desde los shoppings como Praia de Belas o Iguatemí, la noche, regada de cerveza Pilsen uruguaya, o las pizzerías libres, donde probé por primera  vez la pizza de dulce de leche.
Hablando de comida, el catering de este vuelo es mejor que el del de ida. Es un sandwich de jamón, queso y tomate, y el pán tiene orégano o algo por el estilo. Lo tomo con un vaso de guaraná, el último en quién sabe cuánto tiempo más. Yo no sé por qué no se vende guaraná en Buenos Aires. Con Augusto quedó una buena relación, y le pasé mis datos para devolverle las gentilezas en caso de que, como estaba en sus planes, viajara a la Reina del Plata en diciembre. Al final esos planes se consumaron, y en diciembre yo salí de licencia por un mes cuando a la salida del regimiento me encontré con Augusto y el amigo que lo había acompañado. Ese amigo era Bender. Durante unas dos semanas los empapé a ambos en el Buenos Aires' lifestyle. Incluso logré que pasaran vergüenza en un cantobar cantando la Canción del Marinero de Paralamas en portugués. Desde entonces Augusto no volvió a Buenos Aires pero Bender sí lo hizo un par de veces. La última, especialmente para asistir a mi boda.
Nuevamente hay nubes en el cielo bajo mis pies. El mayor problema de los tiempos preinternetianos es que resultaba por lo menos difícil mantener un vínculo que no se viera alimentado por el contacto físico frecuente. Este contacto no estaba disponible entre mis amigos brasileros y yo. Con Bender hablaba cada tanto, particularmente para las fiestas o los torneos de fútbol donde participaran Brasil y Argentina, y a través de el me enteraba sobre Augusto, pero con el tiempo incluso esto se fue perdiendo. Un dia simplemente deje de saber de los dos.
Ya va una hora de vuelo, no debe faltar demasiado. Aun hay algunas nubes, pero entre ellas alcanzo a ver un poco de llo que hay abajo, o sea nada. Hace un par de meses recibi una solicitud de amistad en facebook. Era Bender, a quien yo ya había buscado sin exito. Nos saludamos efusiva y virtualmente, y al final me dijo que en poco tiempo pensaba viajar a Buenos Aires. Asi fue, y despues de varios anos volvi a darle un abrazo a mi amigo. El estaba próximo a recibirse de geólogo y por algun motivo relacionado con eso debía ir a Montevideo y pensaba hacerse una escapada por mis pagos. Al final lo de Montevideo se suspendió pero a Buenos Aires vino igual. Fue sólo por un dia, ya que yo estaba con mis hijos y más tiempo que ese no le podía dar, pero alcanzó para ponernos al dia, o casi. OK, no califica tampoco para ponerse al dia, pero es algo che.Se me acabó la bateria de la compu asi que sigo con el celu. No se por cuánto tiempo porque me esta dando sueño. Mejor paro y sigo en un rato.
La vista nocturna entrando a Ezeiza es impresionante. De golpe se abrieron la nubes y ahí el estallido de luces, iluminando el cielo. Hace unas semanas Bender rindió la última materia de Geología y obtuvo el título. Se comunicó conmigo en ese momento y me dijo que quería que yo estuviera en la ceremonia y en la fiesta de graduación. No pude negarme. Así fue que ayer a la  mañana subí a un avión por primera vez en mi vida, y ahora por segunda. Entre una y otra volví a ver a Augusto, a quién le di un gran abrazo, conocí a la madre y las hermanas de Bender, quienes me trataron como a un hijo más, conocí a mucha gente y todos ellos con el típico sello de hospitalidad de Rio Grande do Sul. Quedé encantado también con las pequeñas diferencias culturales. Saber, por ejemplo, que a la conexión de internet de alta velocidad que acá se llama “banda ancha” allá le dicen “banda larga”. O sea, ellos la tienen larga pero nosotros la tenemos ancha. Vos fijate qué es mejor. Probar la carne al horno y los chorizos aderezados con harina de mandioca. Falar em portugueis, o el triste remedo que sale de mi boca. Enterarme que las vacaciones son 30 días para todos, no importa la antigüedad laboral que tengas. Tratar de hacerles entender que el fernet se toma con cola, que puro no es negocio. Almorzar sin pan. En fin, pude desintoxicarme por 36 horas de Buenos Aires y sus preocupaciones. Hoy termino de escribir estas líneas desde mi escritorio, nuevamente sumido en mi rutina.
Pero fue muy bueno.
Pronto espero volver por allá.


sábado, 13 de agosto de 2011

35.000 panes y 35.000 quesos


Miro por la ventanilla y sólo veo nubes y el ala del avión. Estoy a 35.000 pies de altura (unos doce mil metros) según la azafata y no puedo evitar imaginarme a un pibe haciendo pan y queso en el aire desde el suelo hasta donde estoy ahora. No es mi primera vez en el aire; sí en avión. Cuando estuve en el servicio militar hicimos una experiencia de combate en helicóptero. En aquella ocasión yo viajé en el borde del portón trasero de un Bell UH1H (los mismos de Apocalypse Now) de cara al vacío con uniforme de combate y sostenido tan sólo por un cinturón de seguridad flojo (y no inercial). Pero claro, entonces no volé por sobre las nubes.
Ver las nubes desde arriba tiene un efecto celestial, literalmente hablando, por supuesto. La primera imagen que se me viene es el arpa, la túnica, la aureola y las alitas. Escucho Amanece en la Ruta de Sueter en mi banda de sonido interna. Pensar que mi vida depende de la pericia del piloto y de la fortaleza del avión. Por cierto, el avión es más parecido al Ajira 316 que al Oceanic 815. Sobre todo por las alas chanfleadas. No tengo idea acerca de dónde estoy. Calculo que en este momento miro tierras uruguayas con el tercer ojo (vulgarmente conocido como ojete), pero la cantidad de nubes no me permite ni siquiera aventurarme a asegurarlo. Supongo que para llegar a Porto Alegre no hace falta sobrevolar el océano, aunque desconozco las oscuras rutas que manejan las líneas aéreas. Como sea, la sensación general que me invade es una profunda paz. Tengo millones de motivos por los cuales hacerme mala sangre, renegar, echar mierda, quejarme, etc., etc., etc. Pero en este momento todo lo que me provoca es mirar por la ventanilla y dejarme inundar por la placidez de esta mañana cálida y despejada a su propio pesar. Capaz que abajo esté lloviendo, quién te dice, pero por acá sólo veo el cielo celeste y el manto de nubes un kilómetro para abajo. Las preocupaciones, el malhumor, el laburo, la guita, la casa, las cuentas, nada de eso importa ya. Estoy en paz conmigo mismo y con el universo. Posiblemente eso se termine al pisar suelo brasileño, quizás al regresar a suelo argentino. Me importa muy poco. Todo es aquí, todo es ahora, el contexto y las circunstancias no existen. El mundo se detuvo en el interior de este pájaro de lata. Me quedo entonces a la espera del aviso de llegada a POA. El mundo es un lugar maravilloso el día de hoy.
Y por cierto, es mucho mejor escribir en un avión que en el subte.

jueves, 4 de agosto de 2011

Celular

El mundo es un puto aujero. Así, aujero (corresponde un SIC?). Una vez una periodista me dijo eso el día que su novio la dejó. Ya pasaron unos veinte años de aquello, y yo tenía alguna idea acerca de que ella tenía razón. Tal vez no de cuánta. Pero ya tenía, eh. Nos pusimos a hablar en aquella oportunidad. No quería consolarla, no me correspondía de hecho y no tenía necesidad. Pero sí, me sentía curioso. Se supone que ella era una adulta ya formada (en realidad, no tenía ni diez años más que yo) y hasta entonces no había visto un adulto en carne viva, no de esa manera. La charla fue virando desde ella hacia mí. Yo le dije que me sentía solo (no me estaba tirando un lance, no me interesaba V de esa manera), y ella salió con la boludez de que tenía a mi mamá, a mi papá, a mis amigos y bla bla bla. ¿Cómo decirle que estar con mis viejos era estar solo? ¿Cómo explicarle que mis amigos eran tales sólo desde mi perspectiva?
Ayer tuve un mal día, es cierto. Me encantaría tener el consuelo de decir "en fin, fue tan solo un mal día", pero lo cierto es que fue otro mal día. Un mal día más dentro de una lista interminable de malos días. Haciendo cuentas, generando una estadística, ¿cúal es el porcentaje de días buenos y cuál el de días malos en mi vida? ¿Cuántos goles metí por cada uno que me morfé?
Hoy escribo desde una rara serenidad. Ayer fue un día de mierda de esos que confirman la sentencia expuesta por V en 1991. No es un caso aislado. Me siento estancado. Tal vez desde entonces, o antes. Se supone que yo tenía un futuro brillante. "Qué chico inteligente. De grande va a ser ingeniero, arquitecto, doctor." De grande soy un adulto con un matrimonio fracasado, que no encuentra un laburo en el que pueda asentarse y que siente que cada vez que logra dar un paso adelante recibe un golpe que lo tira dos pasos atrás. Y ojo que la remé. Toda mi vida la remé. De cada golpe me levanté y de cada herida cicatricé. Pero los golpes duelen y las cicatrices marcan. Y sanar de todo aquello es duro. Nunca se consigue del todo. Entonces la piel se endurece y el alma también. Los niveles de cinismo y sarcasmo en sangre suben y el mundo pasa a ser un lugar demasiado conocido donde no se está a gusto. La sociedad me pidió que me convirtiera en un elemento productivo, pero yo ni siquiera sé qué es lo que puedo producir que le sirva a esta bendita sociedad. Tuve más laburos que Homero Simpson. Me convertí en un engranaje servil del capitalismo más salvaje, y jamás me sentí a gusto. Me convertí en un parásito depresivo, y no me sentí a gusto. Tal vez lo único que me guste sea escribir, pero jamás encontré a nadie que considerara que mi habilidad puede ser útil, y mucho menos que pudiera ganar plata. o aunque sea ganarme la vida con eso. Desde chico me presionaron para que fuese un profesional o algún tipo de miembro de cierta élite, y ya me ven acá, desnudo en mi cama dejando salir frustraciones. No es bueno que le impongan semejante carga a un chico. Y mucho menos que lo dejen solo después de imponérsela. Nadie nunca me preguntó qué me gustaba, nadie se preocupó por averiguarlo. Tuve que buscar siempre laburo de "lo que sea" aunque no quisiera. Y me han llovido elogios y felicitaciones por los cuentos que he escrito pero nadie jamás consideró que mereciera dos mangos por haberlo hecho. La literatura es mi hobby, entonces, me demanda tiempo y esfuerzo pero no me reditua un mango. Hubo un tiempo en que publicaba un cuento por día, o un capítulo de alguna historia más larga. Hacerlo me demandaba entre dos y cuatro horas, trabajo intelectual y de investigación, más allá del acto de escribir propiamente dicho. Por supuesto, eso no tiene valor en una cultura para la cual lo único importante es que la economía se mueva. Si Amy Winehouse fue utilizada y abandonada por la industria y murió sola en su departamento sin un hombro donde appoyarse, lo que importa en definitiva es que muerta y enterrada va a vender más discos que encerrada y falopeándose. Así que hoy me tomo mi día de depresión y furia y aprovecho para vomitar lo que me sale de adentro. No me vengan con boludeces tales como todo lo bueno que logré, mis dos hijos y la mar en coche. Las cosas buenas que obtuve no me dan de comer, y estuve una semana a arroz y fideos midiendo para cuánto me alcanzaba la manteca. Y cuando finalmente me pagan el sueldo que me gané por adaptarme al sistema resulta que me dan un cheque sin firmar y tengo que utilizar mi día de descanso para arreglar con la panza vacía las cagadas que se mandaron otros. Y entonces el golpe de gracia. Un mimo que me pude dar después de mucho. Un mimo para el que me endeudé casi con alegría. Un celular que me tenía muy contento y que me compré hace menos de dos semanas para reemplazar la carcacha inutilizable que venía llevando. ¡Hola! Ahora estoy en tu bolsillo mientras vas en el tren, ahora no estoy más. Sí, es apenas un celular, un pequeño objeto completamente reemplazable cuya ausencia no implica la muerte de nadie. Pero no es sólo el celular. Basta para mí, basta para todos, señores.
Mañana volveré a mi triste y rutinaria vida de vendedor de autos que no consigue vender una mierda. Hoy no estoy. Y no me llamen al celu porque no me van a encontrar.